En los primeros siete meses de 2015 desembarcaron en Grecia 124.000 refugiados e indocumentados, principalmente en las islas de Lesbos, Kos, Quios, Samos y Leros, cercanas a las costas de Turquía. Estos datos se desprenden de un informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), que pone cifras a una situación que se convirtió en un capítulo más del drama diario que viven desde hace años los griegos, como ocurrió recientemente con los controles de capital de los que ya nadie habla, pese a que siguen estando ahí.
"En Grecia vivimos una crisis dentro de la crisis". Con esta frase, el primer ministro, Alexis Tsipras, describe la impotencia con la que afronta este país este nuevo drama humanitario. En una reunión de emergencia celebrada el viernes con varios representantes del Gobierno tras escuchar la voz de alarma dada por las diversas ONG y municipios que se quejan de la falta de intervención del Estado, Tsipras anunció una serie inmediata de medidas gubernamentales. En concreto, prometió una coordinación permanente entre los ministerios para descargar con mayor rapidez a las islas que sirven de puerta de entrada a Europa, fortaleciendo allí las infraestructuras de refugio y acelerando la identificación de los extranjeros para posibilitar su traslado a la plataforma continental.
Además, Tsipras se comprometió a agilizar los procedimientos para el establecimiento de una autoridad encargada de la gestión migratoria, un departamento necesario para poder distribuir los fondos que la Comisión Europea lleva pidiendo a Grecia desde hace más de un año, cuando todavía estaba al frente el Ejecutivo conservador. Por falta de un sistema de gestión, Grecia no ha podido absorber fondos comunitarios por valor de 500 millones de euros para la migración.
Mientras, son fundamentalmente las ONG las que están gestionando el día a día de los refugiados e inmigrantes, cuya situación es especialmente dramática en las islas, donde por falta de centros de acogida muchos deben dormir a la intemperie, sin medidas higiénicas de ningún tipo y a expensas de las ayudas alimentarias que les ofrezcan los voluntarios.
El director para Europa de ACNUR, Vincent Cohetel, describió de "caótica" y "vergonzosa" esta situación y afirmó que en sus treinta años de pertenencia a la ONU jamás había visto algo igual. El problema es que una vez trasladados a Atenas, la situación no mejora mucho, y los refugiados son abandonados a su suerte. La mayoría llega en colectivo desde el puerto de El Pireo hasta la plaza de Omonia.
Allí, los que tienen dinero o los que recibieron documentos provisionales por tener familiares en algún país de la Unión Europea continúan directamente su viaje rumbo al norte, hacia la frontera con Macedonia.
Los demás se instalan en la propia plaza de Omonia unos días, buscan albergue en algún hotel abandonado reconvertido en centro de recepción o se instalan en el campamento improvisado en el céntrico parque de Pedío tou Areos (Campo de Marte), que en las últimas semanas es foco de esta crisis humanitaria.
La precaria situación en este campamento, que cuenta con una población base de algo más de 250 personas, en su mayoría afganos, desencadenó en Atenas una ola de solidaridad, con colectas de alimentos, medicamentos o ropa, y grupos de voluntarios ayudan a limpiar el área, a repartir comida o a ayudar a los que necesitan asistencia médica. La próxima semana se espera que estas personas sean reubicadas en un campamento en construcción. En la otra punta de Grecia, mientras tanto, continúan llegando los barcos precarios.
| Agencia EFE |


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