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Una dura puja por poder en la elite gobernante (según el Mossad israelí)
Al mismo tiempo, Washington buscaba financiar a los grupos nicaragüenses contra el régimen sandinista. La trama fue destapada el 3 de noviembre de 1986 por un diario libanés, tras recibir la acusación del entorno de Musaví. «Es un radical entre los radicales, pero no duda acercarse al pragmatismo», escribió en su diario personal Amiram Nir, asesor del entonces primer ministro israelí, Simón Peres.
Pese a la explosión del escándalo, el proyecto no se aplacó. El 10 de diciembre del 86, Nir recibió una llamada del iraní Manucher Ghorbanifar, intermediario en el affaire y que, según los israelíes, fue el que lo filtró a la prensa.
En la conversación grabada por Nir, Ghorbanifar lo intenta convencer de que «esta vez se hará todo más profesional. He solucionado el problema de tus dos valijas a cambio de las cosas que tienes», le dice al israelí. Valijas (los rehenes) a cambio de armas. Nir le pregunta: «¿Quién se hace responsable de esto en tu país?». El iraní contesta: «El primer ministro».
Es decir
Es decir, Musaví. El dirigente iraní Rafsanyani no negó el uso de armamento israelí al afirmar: «En la guerra se puede comprar armas hasta del diablo». Un diablo que proporcionó a Irán 700 toneladas de arsenal, vital contra Irak.
Dos décadas después, Israel observa desde cerca el regreso de Musaví al laberinto persa. Según un informe del Mosad, «Jamenei no ahorra medios y recursos para reprimir las protestas y en el peor de los casos sacrificará a Ahmadineyad en beneficio del régimen».
Dirigentes israelíes creen que la represión en Irán reduce las posibilidades de diálogo con EE.UU. respecto del programa nuclear. Una tesis que apoya el ex embajador norteamericano en Israel Martin Indyk: «Clinton tenía el consenso del país para dialogar con el reformista Jatami, pero el ala más radical en Irán impidió este acercamiento. Ahora, con lo que sucede allí, hay muchas dudas en Estados Unidos de que Obama pueda dialogar con Ahmadineyad. Si antes era visto como un personaje repugnante, ahora que el mundo ve cómo apalean a estudiantes, Obama la tiene más complicada».


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