28 de enero 2009 - 00:00

Una foto que habla por sus ausencias

Daniel Katz Y Ricardo Alfonsín
Daniel Katz Y Ricardo Alfonsín
Ocurre en las mejores familias. La cumbre conciliar que el radicalismo -aunque esa identidad no es asumida por todos- montó en Mar del Plata el fin de semana pasado como cita amigable entre antiguos y nuevos rivales dejó detrás suyo varias alertas encendidas.
La más sensible es que, más allá de la voluntad de confluir en el rearmado del panradicalismo, todavía deberán atravesar un desierto. Al final, todo un estigma, la lógica se rinde ante la implacable -y a veces suicida- fascinación radical por su vida interna.
Lo reveló un detalle si se quiere anecdótico: la foto del final. En la trenza previa hubo delegados de las diferentes tribus del radicalismo bonaerense -la ortodoxia de Moreau-Storani, cobistas, el GEN y la línea «comité»- pero a la hora del flash, la mayoría se escondió.
Antes, Elisa Carrió y Gerardo Morales se imaginaron a sí mismos como artífices de un reencuentro que quedaría registrado, para el álbum familiar y la capitalización política, en una foto de todos los «primos» del partido: los que están adentro, los que están afuera pero son aliados, los que piden volver y hasta los que algunos sueñan con que se vayan.
Pero el fogonazo de cierre sólo abarcó a Elisa, Gerardo y al anfitrión, Jesús Porrúa, promotor -junto a Marcelo Elías- de Superación Radical, versión de la UCR con cercanías a Margarita Stolbizer pero que coquetea con la Coalición Cívica con pretensiones propias.
Quedaron, a un costado, disimulando, el storanista Pedro Azcoiti, Daniel Salvador, los cobistas y hasta Juan Carlos Morán, mano derecha de Stolbizer en la provincia. Otro dato sugestivo: la dirigente de Morón, aunque estuvo anunciada, tampoco participó.
Hay varias razones para entender la manifiesta intención de escaparle a la foto. Veamos:
- La central es que el radicalismo bonaerense, como entidad global, ve otra vez cerca la posibilidad de una confluencia. Pero, aunque lo viven como un dato saludable, no quieren ceder el protagonismo de esa eventual fusión a dos «extranjeros» como Carrió y Morales. Eso alcanza, incluso, a la propia Stolbizer que ve con cierta incomodidad las intervenciones y las decisiones, inconsultas, de Carrió en la provincia. Más expresa es la resistencia de los cobistas que ordena Daniel Katz y la línea Moreau-Storani, que intervinieron en la cumbre vía delegados.
- El exceso de exposición de Carrió y Morales atizó una alternativa que parecía desarticulada y que regresó siquiera como manifestación de queja o medición de fuerzas: el acercamiento entre el cobismo, Moreau, Storani y Ricardo Alfonsín para la conformación de un acuerdo propio, ajeno y paralelo a lo que puedan hacer Morales, que tiene como delegado a Salvador en la provincia, y Carrió, con Stolbizer como extensión. Este último espacio tuvo ayer su presentación en sociedad (ver aparte).
- Como Salvador preside el Comité Provincia pero el manejo de la Convención está en manos de Moreau y compañía, reapareció la idea de reactivar la histórica lista 3 con Alfonsín junior como candidato top y el apoyo, como manifestación del retorno de Cobos a la UCR, del vicepresidente a ese armado. «Ricardito» tiene una triple promesa de ser candidato -se la hicieron Morales, Carrió y Stolbizer a Raúl Alfonsín- pero no tiene la seguridad de que lo será en un lugar preponderante.
- A su vez el «acuerdo chico» entre Moreau, Storani, Alfonsín junior y los cobistas pretenden colar 4 candidatos hombres en una lista de diez diputados a salir, lo que es mucho menos que lo que ofrece Carrió quien habría aceptado ceder 40% de la lista -y gastar de su mitad para incorporar piqueteros, peronistas y ruralistas en la boleta- pero compartiendo el cupo femenino.
P.I.

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