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Una mancha de petróleo sobre la democracia
La sombra del escándalo se proyecta hacia las elecciones de octubre de 2018. Los presidenciables con mayores chances quedan heridos.
La larga lista de políticos bajo sospecha incluye también a ocho ministros del actual Gobierno, a decenas de legisladores, que representan el 30% del Senado y el 10% de la Cámara de Diputados, y a varios gobernadores.
Para muchos analistas, las delaciones de Odebrecht son una daga en el corazón de la propia democracia que el país construyó en los últimos 35 años, en los que la poderosa empresa constructora ya admitió que la corrupción fue constante, sobre todo en lo relativo a la financiación de campañas electorales.
"Siempre fue un modelo reinante en el país. Eso siempre existió y viene ya desde la época de mi padre", declaró a la justicia Emilio Odebrecht, hijo de Norberto Odebrecht, quien fundó en 1944 el grupo que se hizo fuerte con la contratación de obra pública.
Emilio Odebrecht confirmó en su testimonio la complicidad que existía con los políticos en el poder, que facilitaban la concesión de obras a cambio de financiación para campañas, que no siempre era legal.
Así como ponen en tela de juicio la forma en que fueron elegidos para cargos públicos cientos de políticos en los últimos años, las delaciones de Odebrecht también pueden comprometer el futuro, pues salpican a varios de los posibles candidatos a la Presidencia para las elecciones que se deben realizar en octubre del año próximo.
Uno es Lula da Silva, el líder más carismático que ha dado la democracia brasileña, quien ya responde ante la justicia en cinco juicios por supuesta corrupción y ahora puede ser investigado en otros seis procesos, según solicitó este martes el Supremo.
Pese a su delicada situación judicial, Lula lidera las encuestas de opinión con una intención de voto cercana al 40%, aunque aún se desconoce el impacto que tendrán en su imagen unas nuevas investigaciones.
Además de Lula, entre los dirigentes que pueden ser investigados está Geraldo Alckmin, gobernador de San Pablo y posible candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en 2018.
De esa influyente formación, que fundó el exmandatario Fernando Henrique Cardoso, también figura en la lista de Odebrecht su actual presidente, Aécio Neves, derrotado en las presidenciales de 2014 por Rousseff y también posible candidato para el año próximo.
Según las leyes electorales brasileñas, solamente una condena en segunda instancia le impide a un político postularse a un cargo de elección popular.
De ese modo, las eventuales candidaturas pasarán a depender de los tiempos de una justicia burocrática y lenta, que en promedio se lleva hasta cinco años para juzgar a un político.
Las acusaciones sobre financiación ilegal se expanden también al sector privado y salpican a la influyente Federación de Industrias del Estado de San Pablo (Fiesp), cuyo presidente, Paulo Skaf, fue citado entre los beneficiados por la corrupción.
| Agencia EFE |


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