12 de agosto 2010 - 00:00

Una “Manon” estupenda revitaliza al Teatro Colón

La magnífica producción de Chicago, vista en el Colón, tuvo como protagonista a Anne Sophie Duprels, quien cantó y actuó con más vehemencia que sutileza.
La magnífica producción de Chicago, vista en el Colón, tuvo como protagonista a Anne Sophie Duprels, quien cantó y actuó con más vehemencia que sutileza.
Cerrando el romance que Manon Lescaut, la criatura imaginada por el abate Prévost, y el público porteño mantienen desde junio (con la ópera de Puccini por Juventus Lyrica y el ballet de MacMillan por el Colón), el primer coliseo da la posibilidad de ver la versión de Jules Massenet en una estupenda producción de la Lyric Opera de Chicago. Aunque omite pasajes importantes de la novela en la que se basa, la que nos ocupa es una de las adaptaciones más logradas en forma y contenido, y también una obra de grandes proporciones y enorme complejidad musical y teatral.

Esta versión resuelve el problema de los numerosos escenarios (la posada de Amiens, la habitación de París, Cours-la-Reine, Saint-Sulpice, etc.) mediante un dispositivo único, una suerte de tribuna inclinada, frente al cual van cambiando elementos para ambientar cada cuadro. En momentos en que el coro ocupa las gradas, como si fuera el público mismo, el recurso del teatro dentro del teatro se vuelve explícito, y es totalmente válido dado que las versiones escenificadas de esta novela existían ya en el siglo XVIII.

Lejos de los clichés del Rococó, el vestuario (obra, al igual que la escenografía, de Tanya McCallin) es un prodigio de síntesis y buen gusto. Otro tanto sucede con la régie de David McVicar, que muestra por ejemplo cuánto mejor es sugerir lo erótico que hacerlo explícito, algo que muchos directores de escena locales deberían poner en práctica. Brilló especialmente John Osborn (Des Grieux); el tenor tuvo un desempeño impecable desde todo punto de vista (salvo algún dejo anglófono en sus parlamentos) y se llevó las mayores ovaciones.

Encarnando a Manon, uno de los papeles más exigentes del repertorio francés, Anne Sophie Duprels cantó y actuó con más vehemencia que sutileza, y estuvo lejos de la «esfinge asombrosa» (frase que los libretistas robaron a Alfred De Musset) que reza el texto, pero con una entrega notable. El siempre refinado Víctor Torres y el extraordinario Osvaldo Peroni fueron ideales como Lescaut y Guillot, junto a otros cantantes nacionales también en un alto nivel: Gustavo Gibert (Bretigny), Carlos Esquivel (Conde Des Grieux) y el delicioso trío de muchachas alegres integrado por María José Dulin, Daniela Tabernig y Gabriela Cipriani Zec.

Último en el orden de mención pero primero en mérito, el francés Philippe Auguin mostró su cabal comprensión del estilo y dirigió con seguridad al Coro Estable preparado por Marcelo Ayub y a la Orquesta Estable, que fue un instrumento dúctil. Si sus dos primeros espectáculos no habían convencido totalmente, esta «Manon» da un paso adelante en calidad y traza un futuro mucho más auspicioso para la temporada del Teatro Colón.

«Manon», ópera en 5 actos y 6 cuadros de J. Massenet. Libreto: H. Meilhac y P. Gille. Prod. original de la Lyric Opera de Chicago. Orq. y Coro del T. Colón. Puesta en escena original: D. McVicar. Reposición: L. Meeker. Dir. musical: P. Auguin (Teatro Colón, 10 de agosto). Teatro Colón. Temporada lírica (Gran Abono).

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