L'Aquila - Horas después del violento sismo de ayer en el centro de Italia, los residentes de L'Aquila vivían una noche angustiosa en una ciudad fantasma.
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Ninguna calle del casco histórico se salvó, los cúmulos de piedras, cal y desechos dominan la localidad.
«Debajo hay muertos, no se toman fotos ni se entra», sentenció un carabinero en una callejuela del centro cubierta de muros derrumbados y cristales rotos.
Un extraño silencio cubría el corazón de la ciudad medieval, que parecía abandonada después de que buena parte de sus habitantes se fueran por los daños sufridos por sus hogares.
«Podemos decir que la mayoría del centro histórico está vacío», explicó un responsable de Protección Civil. Tanto policías como carabineros patrullaban los escombros, pasaban de casa en casa, tocaban a cada puerta y evaluaban el impacto de los daños antes de que la noche llegara con su temida oscuridad.
«Tratamos de ayudar a la gente que se quedó, sobre todo a los ancianos, de manera que pasen bien la noche y se eviten los ladrones», dijo. Numerosos automóviles quedaron enterrados, una campana yacía en el suelo tras desprenderse desde quince metros de altura y la cúpula de la iglesia dejaba sus históricos frescos al aire libre tras derrumbarse.
«Por ningún motivo me voy de mi departamento, que está intacto porque fue construido por mi hermano arquitecto con materiales antisísmicos. La casa aguantó a pesar de que el terremoto fue terrible», advirtió Maria D'Andrea, de 82 años. «Claro que voy a pasar una mala noche», admitió, con todo, la anciana.
«Tengo el terror de que se repita el sismo», contó Cristina. «Abrí la cafetería, quería estar con la gente. Esta noche se verá...», confesó. Su tienda, una de las pocas aún abiertas, agotó el agua mineral y no podía servir café por los continuos apagones.
Una decena de cuarteles, estadios y gimnasios alojaron a los damnificados que no quisieron abandonar la ciudad, mientras se instalaron las camas y literas donde dormirían.
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