22 de diciembre 2009 - 00:00

Una victoria con mucho de pírrico

Barack Obama
Barack Obama
Washington - La reforma del «roto» sistema de salud de Estados Unidos, el plan estrella del presidente Barack Obama, logró la madrugada de ayer superar un «gigantesco obstáculo» al conseguir, en una ajustadísima votación en el Senado, el «sí» mínimo para continuar su proceso de aprobación. Pero no son pocos los analistas que advierten que el costo de su aprobación y las enormes concesiones que han debido efectuarse hacen que la tan ansiada victoria del mandatario haya quedado, cuanto menos, diluida.

La votación en el Senado estadounidense tuvo un aire casi conspirativo: en un Washington paralizado por una de las peores tormentas de nieve de los últimos años, los senadores fueron llamados a acudir al Capitolio fuera como fuese para asegurar los 60 votos mínimos -conseguidos tras arduas negociaciones hasta el último minuto con los demócratas más conservadores- necesarios para que la reforma superara su primer gran reto.

Las esperanzas de los republicanos, que votaron unánimemente en contra de la reforma, de que alguno de los demócratas no lograra llegar a tiempo al edificio del Congreso se vieron frustradas y finalmente, pasada la 1 de la madrugada, la «victoria» estaba en manos de los legisladores de Obama.

Modos

Una muestra de la importancia de la votación, apuntaron ayer los medios, es que ésta tuvo lugar con los senadores sentados en sus bancas y no parados en los pasillos o en grupos, «una rara práctica implementada sólo para votaciones históricas», destacó ayer el diario Politico.

Es más, desde la galería asistía a la sesión Victoria Kennedy, la viuda del senador Ted Kennedy, uno de los mayores defensores de la reforma del sistema de salud y que falleció este verano (boreal) sin haber visto realizado su sueño.

«Ésta es una victoria enorme», proclamó Victoria Kennedy. Pero... ¿lo es realmente? Más o menos, coinciden numerosos analistas.

Si bien la propuesta reforma de la salud -que aún debe pasar dos votaciones más probablemente esta semana, así como su conciliación con la propia de la Cámara baja- permite ampliar la cobertura médica a unos 30 millones de estadounidenses actualmente no asegurados, en el arduo camino de las negociaciones ha dejado de lado algunos de los puntos clave de su objetivo.

Entre ellos, la opción pública por la que el Gobierno apostaba como una manera de presionar a las aseguradoras privadas para hacer sus ofertas más asequibles, por no hablar de la cobertura de los doce millones de indocumentados que ni siquiera figuraban ya en las últimas versiones negociadas.

La dureza de las tratativas y la necesidad de rascar hasta el último voto positivo de los demócratas, divididos en un amplio espectro desde la izquierda a los «blue dogs», los más conservadores de la bancada, hizo que la propuesta también contenga una controvertida enmienda que restringe fuertemente la financiación federal del aborto, salvo en casos muy determinados.

«La búsqueda de Obama de una legislación histórica sobre salud se ha convertido en una parodia de su liderazgo», condenó ayer el diario The Wa-shington Post en una de sus columnas de opinión, en la que subraya que «el producto final está lejos de las extravagantes promesas» del mandatario durante su campaña.

Algo que, recuerda el rotativo, no sólo le ha costado ya un significativo descenso de popularidad, sino que «podría dañar su legado» como presidente.

También desde The New York Times el Premio Nobel de Economía Paul Krugman advirtió de la «peligrosa disfunción» que evidencia la ajustada votación de ayer por lo «polarizado» que se mostró el Senado, donde los republicanos votaron en bloque contra la propuesta.

«Consideremos lo que queda por delante. Necesitamos una reforma financiera básica. Tenemos que lidiar con el cambio climático. Tenemos que afrontar nuestro fuerte déficit presupuestario. ¿Cuáles son las posibilidades de que podamos hacer todo esto o, siquiera algo de ello, si se requiere para ello 60 votos de un Senado profundamente polarizado?», se preguntó Krugman.

Críticas

Muestra de la polarización de las opiniones son también las declaraciones del ex presidente del Partido Demócrata Howard Dean, quien unas horas antes de la votación sostuvo que la reforma, pese a su aprobación en el Senado, necesitará aún mucho trabajo.

«Ésta no puede ser la versión final de la ley. Vamos a tener muchas luchas políticas más», auguró en la cadena NBC.

Desde el mismo medio, el consejero de Obama, David Axelrod, defendía pese a todo, lo «histórico» de la votación.

«Hemos hablado de esto durante un siglo. Estamos a las puertas de lograrlo y será una gran victoria para los estadounidenses», sostuvo, sin entrar sin embargo en el costo político que podrá tener para los futuros planes de la Casa Blanca.

Agencia DPA

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