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Una vieja lección: “Es la economía”
«La ira y la decepción» por la situación económica en el país habría movido a los electores a dar un rapapolvo a los demócratas en Massachusetts, dijo un compungido Obama después de la debacle que significó perder el escaño en el Senado en ese estado.
Y anunció consecuencias. El presidente quiere volver a oír a los votantes, dar prioridad al empleo y, en caso de que sea necesario, dar marcha atrás con la reforma sanitaria.
La voz del electorado se le fue un poco de la mente en medio de las numerosas tareas de la agenda política, reconoció Obama en una entrevista con la cadena ABC, donde se mostró consciente de sus errores.
«Estábamos tan ocupados haciendo nuestras tareas e intentando superar la crisis aún pendiente que perdimos la percepción para hablar de las cosas que preocupan a los estadounidenses», dijo el mandatario. Según sus palabras, no se trataría entonces de la reforma sanitaria, ni de la guerra en Afganistán y menos aún de la protección del medio ambiente, sino de la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial.
La tasa de desempleo del 10%, la desolación de muchas localidades y el declive del sector industrial norteamericano son los temas de calado, reconoció el presidente. Algo que no sorprendió a los demás.
Obama saca dos consecuencias de lo ocurrido. La primera es el anuncio de declarar la lucha contra el desempleo otra vez como la máxima prioridad futura. Varios políticos se declararon en Washington de acuerdo en ese punto, horas después de la derrota electoral.
«Creemos una ley respecto de los puestos de trabajo», dijo, por ejemplo, el gobernador de Pennsylvania, Edward Ren-dell. Obama se dedicará a partir de este momento a la economía y el empleo de la misma manera que a su principal iniciativa, la reforma sanitaria, prometió, por su parte, el portavoz presidencial Robert Gibbs.
En ese punto, sin embargo, su jefe pisó el freno. En una segunda consecuencia de la derrota, Obama advirtió en contra de sacar adelante la reforma a toda costa en el Congreso.
Algo que le sería difícil, de una u otra manera. Sin el escaño perdido ante los republicanos, el del fallecido Edward Kennedy, los demócratas pierden su amplia mayoría en el Senado. Sin esa mayoría, Obama no podría imponer su reforma.
Táctica
«Las elecciones en Massachusetts cambian las matemáticas en el Senado», dijo de forma concreta el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid. En la Cámara alta se necesitan 60 escaños para impedir, por ejemplo, la táctica del «filibusterismo», como se conoce a la práctica de hacer discursos interminables para bloquear o retrasar leyes en el Senado, que cuenta con 100 representantes.
El partido de Obama poseía hasta ahora 58 escaños en la cámara, pero alcanzaba la llamada «supermayoría» con la ayuda de dos independientes cercanos a su bancada, que suelen votar a favor de los demócratas. La situación cambia con la llegada del nuevo senador republicano por Massachusetts, Scott Brown, un enemigo declarado de la reforma sanitaria.
La reforma apunta definitivamente a un compromiso. En la entrevista con ABC, Obama ya dio marcha atrás respecto de los objetivos que formulaba hasta ahora. La reforma tiene varios puntos controvertidos, dijo.
«Yo propondría que nos reunamos y nos pongamos rápido de acuerdo en esos puntos», agregó, dirigiéndose a los republicanos. En concreto, eso implicaría que el presidente renuncia por ahora a la pretendida cobertura médica obligatoria bajo control del Estado.
Según The Wall Street Journal, la iniciativa podría ser reducida ahora a una ley que prohíba a las aseguradoras rechazar a clientes por enfermedades crónicas o hacer cobros demasiado elevados a los asegurados.
El nuevo senador Brown ya llegó a Washington. El político, hasta ahora desconocido, fue recibido con bombos y platillos, de una manera apenas vista antes para una cara nueva en el Capitolio.
Los republicanos celebraban a Brown no tanto como nuevo senador, sino como el hombre que le mostró sus límites al presidente más popular de toda la historia.
«Brown derrota a Obama con sus propias armas», apuntó The Washington Post. Según el rotativo, los electores no votaron por el nuevo senador sólo por su decepción respecto de la economía, sino porque el presidente no cumplió una promesa hecha cuando asumió el cargo hace un año: un «cambio» en la política en Washington.
Agencia DPA


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