7 de julio 2015 - 00:00

Unas “Bodas” tal como Mozart las concibió

El barítono Juan Salvador Trupía y Rodríguez cantará a Figaro en las representaciones de “Las bodas de FIgaro” en el Teatro Avenida.
El barítono Juan Salvador Trupía y Rodríguez cantará a Figaro en las representaciones de “Las bodas de FIgaro” en el Teatro Avenida.
Completando la primera interpretación en la Argentina de la "trilogía Da Ponte" de Mozart con instrumentos de época, Juventus Lyrica presentará desde este viernes en el Teatro Avenida "Le nozze di Figaro" (Las bodas de Figaro), con dirección de Hernán Schvartzman y puesta en escena de María Jaunarena. La ópera basada en la comedia de Beaumarchais, que se podrá ver en cuatro funciones (10, 12, 16 y 18), contará con un elenco integrado por Juan Salvador Trupía y Rodríguez (Fígaro), María Goso y Sabrina Cirera (Susanna), Fernando Grassi (Conde), Oriana Favaro (Condesa), Cecilia Pastawski y Rocío Arbizu (Cherubino), Walter Schwartz (Bartolo/Antonio), Julieta Fernández Alfaro y Natalia Salardino (Barbarina), Cirera y María Cecilia Pérez San Martín (Marcellina), Norberto Lara y Pablo Urban (Basilio/ Curzio). Participará el coro de la institución preparado por Hernán Sánchez Arteaga.

Periodista: ¿De qué manera enfrentan estos papeles antagónicos en el contexto de esta producción?

Fernando Grassi
:Yo lo encaro como una persona muy apasionada y celosa, un hombre que se hizo mujeriego con el pasar de las pernadas. Estuvo muy enamorado de su mujer, porque lo muestran las cosas que ha hecho por ella en "El barbero de Sevilla" [la primera parte de la trilogía de Beaumarchais], y se le cruza esta sirvienta que debe ser distinta al resto porque le come la cabeza. En medio de todo eso, cuando él empieza a desconfiar de la Condesa, debe notarse que la sigue amando y está muy celoso, se pone muy violento y todo queda ahí en la alcoba. Es un papel que me encanta, como Don Giovanni. Requiere estar en contacto con todos, estar por encima pero darse cuenta de que lo sobrepasan a uno en astucia, en belleza, y es algo que al Conde le molesta. Él y Fígaro fueron amigos, y esas ideas que ya le había dado en "Barbero", todavía lo impresionan. Como a Don Giovanni, desde que empieza la ópera le sale todo mal.

Juan Salvador Trupía y Rodríguez: Retomando lo que dice Fernando y tomando a Fígaro como una unidad, creo que sí, que ellos tenían una relación de amistad y mucho afecto que se quiebra por esta situación, que para Fígaro es una sorpresa: el primer golpe lo recibe al enterarse de que el Conde desea acostarse con su futura esposa. Susanna tiene mucho de la Rosina de "Barbero", la mujer muy pícara y astuta con la que Fígaro se unió para conseguir su objetivo común, que era casarla con el Conde. En "Barbero" hay algo que no siempre se puede explotar en una puesta de ópera, y es que Figaro siente admiración pero también atracción por Rosina. Ella es un par para Fígaro, y Susanna es un poco la antigua Rosina, porque la Rosina Condesa es una versión que, por el devenir del matrimonio, el status social y el desamor del Conde, mermó en esa chispa. Fígaro es un personaje complejo que siempre está en una situación de apagar incendios. Algo que le da mucha riqueza a una versión de "Bodas" es conservar ese afecto y esa admiración entre los personajes.

P.: El abordaje del canto en Mozart tiene en esta producción de algunos requerimientos particulares por parte del director musical. ¿Cuáles son y cómo los resuelve cada uno?

J.S.T.y R.
: Yo había trabajado con Hernán pero es la primera vez que tengo que cantar este papel de esta forma. Siempre lo canté en versiones "tradicionales". Ésta es una versión con una serie de requerimientos estilísticos que son propios de estos estudios. Entre ellas una mayor libertad y flexibilidad en cuanto a la figuración y las entradas, no debemos ir siempre sincronizados con la orquesta, hay un ir y venir musical que está en el texto más que en la rítmica, que Hernán considera en el canto una guía de la mano de la prosodia. También cosas que ya más conocidas para el público: que las cadenzas ya no son calderones planos sino que hay variantes, la reprise del aria siempre se ornamenta; estas cosas ya se saben. Pero en Mozart se escucha menos esto; uno aún está acostumbrado a las versiones de los 50, 60 y 70, con grandes orquestas y grandes voces. El público que no está al tanto de esto que nos pide el director aquí tal vez piense "No se saben bien el ritmo". Por ejemplo en los tresillos del aria de Fígaro del cuarto acto, en los que uno se esforzó toda la vida por ir con la orquesta, aquí hay que irse todo el tiempo; yo le decía en broma a Hernán que si la crítica dice que yo no me sabía el ritmo él va a estar contento, y me dijo que era exactamente así.

F.G.: Es la primera vez que me toca una visión así y me ha costado bastante. Hernán nos dio sus fundamentos, hemos parado mucho durante los ensayos, y esperemos que el público entienda esta versión.

P.: ¿En general les interesa leer sobre el estilo de canto de la época o sobre los cantantes que estrenaron los papeles que abordan o para los que fueron escritos?

F.G.:
A mí no. Ni me gustan las grabaciones viejas, no les tengo aprecio. Es muy difícil estudiar lo que pasó hace 200 años, con las cosas que quedaron en los museos. Hay gente que se ha dedicado a eso, a traerlo hoy día, hay discusiones, pero a uno siempre le queda la duda. Es como ver por una puerta entreabierta hacia el fondo del pasillo: no se puede ver todo. Uno tiene acceso a los documentos que han quedado, y es la visión de uno. Es como un mueble antiguo: para la época sirvió; ahora estamos en otra época, no es que haya que sepultarlo, pero no me llevo con las cosas muy viejas. Aquí estamos cantando en un diapasón de 430, es otro sonido e influye bastante en el canto, en la sonoridad. Me siento más cómodo: mi voz no tiene muchos graves, como la de Juan Salvador, que es un bajo-barítono con agudos. Yo soy un barítono más vale liviano. Pero con estos ensayos en 430 mi voz se fue amoldando y estoy muy cómodo.

J.S.T. y R.:A mí me pasa lo contrario: me encantan las cosas antiguas. Soy un fanático de la historia de la música y siempre me gustó desde el canto gregoriano hasta el siglo XXI. Respecto de las versiones historicistas, me encantan, pero también me encantan las de Karl Böhm. Tengo una gran amplitud de criterio. Pero creo que todos los estudios respecto de los instrumentos y de cómo se interpretaban las obras en aquel momento son interesantísimos. Puedo disfrutar de escuchar una versión en 430 y una en 440 con instrumentos modernos, y que la orquesta tenga 30 o 70 integrantes es sólo un aspecto de una versión. Hoy grandes estrellas de la ópera hoy graban ópera barroca con los especialistas; antes eran dos mundos separados. Antes Mozart tenía que tener una extrema prolijidad; hoy es lo que es en realidad la ópera: puro teatro. Las óperas de HTMndel, por ejemplo, para mí son vecinas del Romanticismo, tienen una impronta dramática y un lenguaje totalmente moderno. Y pienso que esa modernidad se descubrió al público a partir de las versiones historicistas, cuando se dejó de cantar cuadrado y el canto empezó a tener la flexibilidad de cualquier otra cosa que uno puede cantar: Schubert, Mozart o Verdi. Cada una tiene sus particularidades, pero es un género que tiene muchas constantes a través del tiempo. Todas las versiones, en algún punto, son válidas.

Entrevista de Margarita Pollini

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