31 de agosto 2012 - 00:00

Urna plus: impulso K, rechazo anti-K

El plan oficial para permitir el voto, optativo, de jóvenes de entre 16 y 18 años consiguió ayer el primer triunfo: casi sin excepciones, la oposición salió a oponerse a la posibilidad, con lo cual la propuesta K se garantiza la simpatía de esos potenciales votantes.

Los proyectos -de Aníbal Fernández en el Senado y de Jorge Yoma y Diana Conti en Diputados- son la explicitación de la apuesta de la Casa Rosada a los sectores juveniles que, en su versión territorial, se expresa con el despliegue de La Cámpora en los colegios.

A pesar del margen de error, la lógica del Gobierno es simple: según sus encuestas, la adhesión a Cristina de Kirchner alcanza altos niveles en el rango etario de 18 a 25, por lo cual, presumen, ese mismo acompañamiento se replica entre quienes tienen entre 16 y 18.

Según los datos del Censo 2010, reflejados en una nota que publicó el viernes pasado, el número de nuevos votantes sería de 1,7 millón de jóvenes. Ayer, el senador Fernández afirmó, citando encuestas propias, que el 50% de ellos tiene voluntad de participar electoralmente.

El lado B de la estrategia oficial es incorporar, también de manera opcional, el voto de los extranjeros con más de dos años de residencia en el país. Ese universo de electores asciende, estimativamente, a 1,6 millón de personas.

Sobre el padrón de casi 29 millones de la presidencial de octubre del año pasado, si hubiese una concurrencia ideal, la incorporación de los nuevos votantes por esas dos vías representaría más del 10% del universo de votantes.

De punta a punta, ayer, el oficialismo salió a respaldar la iniciativa: además de los autores, se plegaron Carlos Kunkel y Juan Cabandié, uno de los referentes de La Cámpora. También consideró «interesante» la propuesta el gobernador Daniel Scioli.

Acompañaron, también, Estela de Carlotto, de Abuelas, y Hebe de Bonafini, de Madres, quien le dio un marco mayor: «Tenemos que copiar a los curas que hacen catecismo».

Enfrente, la UCR, el PRO y sectores del peronismo disidente anticiparon su rechazo a la iniciativa. Lo mismo hicieron otros dirigentes como Patricia Bullrich y Francisco de Narváez. Del espacio opositor, alineado con el FAP; Roy Cortina se mostró a favor.

En ese revuelo, sin mencionar específicamente el tema, fue Cristina de Kirchner quien marcó la línea oficial al volver, desde Entre Ríos, a hablar de la juventud, tema que usó, además, para cuestionar a Mauricio Macri.

«Esta es una Argentina de libertad donde cada uno puede pensar como quiere, donde los jóvenes tienen derecho a hablar de política en la escuela, en el colegio, en la facultad, en la casa y en la calle porque no somos un país fascista», señaló la Presidente.

La línea es precisa: el Gobierno despliega, en esta pulseada, un relato de seducción de los sectores juveniles mientras la oposición se para enfrente, primero al cuestionar el «adoctrinamiento» en los colegios y luego el proyecto de los 16 años.

En tanto, en Casa Rosada y en el Congreso dan por hecho que los dos proyectos -el del voto joven y el de extranjeros- tendrán tratamiento y, seguramente, serán aprobados ya que el Frente para la Victoria, con el respaldo de algunos aliados, suma el número de votos para hacerlo.

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