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Ushuaia vibró con la Sinfónica de Moscú
Dirigidos por Jorge Uliarte, fundador del Festival Internacional de Ushuaia, la Sinfónica de Moscú y la cellista coreana Ji-Yeon Woo brindaron un intenso concierto el sábado.
El viernes por la noche, la gala lírica protagonizada por Omar Carrión, Gabriela Pochinki y Katia Borissova enfervorizó al auditorio del Salón Milenio, el ámbito del Hotel y Resort Las Hayas en el que tienen lugar los conciertos del Festival. El barítono, cuya calidad vocal e interpretativa no necesita ser enfatizada, divirtió y conmovió alternadamente, desde un «Largo al factotum» refinado y con una pequeña «mise-en scène» hasta una versión vibrante de «Cortigianni, vil razza dannata» de «Rigoletto», uno de los puntos más altos del concierto. En la segunda parte Carrión abordó arias de zarzuelas, el tango-canción «El día que me quieras» y hasta se calzó la máscara del Fantasma de la Ópera para cantar el dúo del musical homónimo de Andrew Lloyd Webber, en una muestra más de profesionalismo y aplomo.
Claramente en otro plano, la mediática soprano Gabriela Pochinki desplegó su simpatía y su repertorio de mohínes, giros, palmas y un vestuario más que llamativo. Tras interpretar arias y dúos de ópera, canciones de cámara y páginas de musicales, antes de entonar «I want to be a prima donna» (de la opereta «The Enchantress» de Victor Herbert) Pochinki asumió el texto de ese fragmento como una verdadera declaración de principios.
Pilar fundamental del concierto fue la exquisita pianista austro-búlgara Katia Borissova, quien con solvencia y sutileza hizo de su parte un maravilloso sustento y logró una excelente comunicación con los cantantes.
En la noche siguiente volvió la música sinfónica de la mano de la orquesta residente del Festival este año, la Sinfónica de Moscú, y de la cellista coreana Ji-Yeon Woo. Siempre bajo la batuta de Jorge Uliarte, director artístico y fundador del Festival, se escuchó un programa intenso, comenzando por la obertura de «Ruslan y Ludmila» de Glinka, que fue un vivaz preludio, y siguiendo por el «Concierto para cello en La menor» opus 33 de Camille Saint-Saëns. Aquí la solista mostró un sonido atractivo, levemente áspero, musicalidad y una expresividad contenida muy adecuada para esta bellísima partitura.
En la segunda parte, la «Sinfonía número 4» de Tchaikovski (recordemos que Uliarte y la Sinfónica moscovita brindan este año la integral de esta serie) hizo vibrar, desde el comienzo a cargo de los bronces hasta el final atronador, literalmente de pies a cabeza al público del Salón Milenio del Hotel Las Hayas, un auditorio cálido que escucha con avidez y gratitud. Así el mensaje de Tchaikovski, llegado desde el frío boreal, encuentra en la ciudad más austral del mundo un eco tal vez impensado en tiempos del compositor, pero que hoy es una hermosa realidad.


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