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Uso de las reservas, ataque a Macri y Malvinas, los ejes del discurso
Cristina de Kirchner abrió su acto ayer en el Congreso con un minuto de silencio en memoria de los muertos en la tragedia del tren de Once. En la foto, la Presidente junto a Juan Estrada (secretario parlamentario del Senado); el diputado Julián Domínguez; el vicepresidente, Amado Boudou, y la senadora Beatriz Rojkés.
«Un país y un gobierno se tienen que hacer cargo, de las cosas que hizo él y de las que hicieron los otros también. Para eso se es gobierno y para eso se reclama el voto de las grandes mayorías populares», advirtió la Jefe del Estado en relación con la decisión del PRO de suspender el traspaso de los subtes. El discurso, que calificó esa medida como «episodio bochornoso», comenzó apenas pasadas las 12, con un minuto de silencio por las 51 víctimas fatales del accidente de tren en la estación de Once.
«Es poco serio, pero además es profundamente injusto con el resto del país: uno puede cambiar de esposa, de auto, pero no devolver contratos y concesiones...», se quejó la Presidente mientras se trasformaban los rostros de los diputados del PRO, Federico Pinedo, Gabriela Michetti, Julián Obiglio y Soledad Martínez, entre otros. Hubo también tiempo para la sorna, como cuando la Jefa del Estado se preguntó si Macri creía que «era alcalde de Nueva York y no de Buenos Aires, cuando se dio cuenta que los coches del subte eran viejos».
No fue casual la elección de Macri como adversario. Se trata, en rigor, del rival más débil. Y uno de los únicos de la grilla opositora capaz de eclipsar a otro aspirante a la sucesión presidencial en 2015 que comparte un target similar de electores: Daniel Scioli. La Presidente invisibilizó así a la UCR de Ricardo Alfonsín -ausente ayer en el recinto al igual que Elisa Carrió- y al Partido Socialista de Hermes Binner, el opositor más votado en las últimas elecciones presidenciales. El PRO de Macri, que ni siquiera presentó candidato a nivel nacional, crece de estructura propia en el interior del país, tiene cero senadores nacionales en la Cámara Alta y un discretísimo bloque de apenas 11 diputados nacionales. Además de una profecía incumplida sobre el supuesto apoyo del peronismo disidente, que nunca se cristalizó en una estructura formal más allá de los vínculos con el misionero Ramón Puerta, y el armado porteño de Miguel Angel Toma y Christian Ritondo. En provincia de Buenos Aires, apenas emerge Jorge Macri como el primer intendente macrista de la historia, pero ya sin el respaldo de ex socios como Felipe Solá y Francisco de Narváez.
«Le voy a dar instrucción a la ministra de Seguridad, Nilda Garré para prorrogar 30 días más la Policía Federal y ver si en tres meses puede organizar 240 personas con uniforme policial en las líneas de subtes de la Ciudad de Buenos Aires», le espetó Cristina de Kirchner a Macri en uno de los tramos más enérgicos de su discurso. La indignación brotó a través de diversas muecas entre los diputados del PRO, que a esa altura concentraban la mayor parte de las miradas en el recinto de la Cámara de Diputados. En los palcos, la agrupación La Cámpora jugó nuevamente de local y ovacionó a la Presidente en diversos tramos de su discurso. El ex juez Baltasar Garzón estuvo custodiado por Hebe de Bonafini y Estela de Carlotto. En palco propio, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, moderó el fanatismo de las barras K. También coparon los palcos otras organizaciones kirchneristas como Kolina, de Alicia Kirchner; la Juventud Peronista, el Peronismo Militante y hasta el Partido Comunista Congreso Extraordinario. Ausente estuvo la Juventud Sindical de Facundo Moyano, quien no movilizó militantes y le liberó sus butacas a la agrupación que lidera Máximo Kirchner. Más allá de la presencia del jefe de la CTA oficialista, Hugo Yasky, y del piquetero Luis DElía, no hubo comitiva oficial de la CGT, que se plegó al faltazo de Hugo Moyano y compañía. El hijo del secretario general de la CGT ocupó su banca al igual que Héctor Recalde y Omar Plaini. Sin embargo, masticó bronca cuando la Presidente criticó el paro impulsado por la UTA ayer en el subte y deslizó que se trataba en realidad de un lock out patronal. El diputado Moyano descargó su quejas en el oído de Diana Conti y, a la salida de la Asamblea Legislativa, volvió a diferenciarse del discurso presidencial al apoyar la huelga de los docentes a nivel nacional.
Fue el debut Cristina de Kirchner en una apertura de sesiones sin Julio Cobos. Esta vez, los reproches le tocaron a Amado Boudou, a quien amonestó más de una vez durante su discurso porque le tocaba los papeles («Dejá de agarrarme las cosas, por favor»), como el ayudamemoria que tenía sobre el atril: «Resumen de trenes y subtes. 2003-2011». Con ese ayudamemoria recordó que la inversión que hace el Estado nacional en los subterráneos porteños es de 5.743 millones de pesos, en tanto que en el Noroeste argentino, un territorio sumamente pobre, es de 4.100 millones, y se preguntó si Macri creía que «era alcalde de Nueva York y no de Buenos Aires, cuando se dio cuenta que los coches del subte eran viejos».
La Presidente llegó acompañada por el gabiente en pleno y la comisión de exterior que la recibió en la explanada del Congreso estuvo conformada por los senadores Nanci Parrilli (FpV), Ana María Corradi de Beltrán (Movimiento Santiago Viable), Sonia Escudero (Renovador de Salta) y Marta Borello (UCR), y los diputados Eduardo De Pedro (FpV), Juan Carlos Zabalza (Partido Socialista), Enrique Thomas (Frente Peronista) y María Teresa García (FpV). Los integrantes de la comisión de interior fueron los senadores Laura Montero (UCR), María Ester Labado (FpV), Hilda Aguirre de Soria (FpV) y Norma Morandini (FAP), y los diputados Juliana Di Tullio (FpV), Elsa Álvarez (UCR), Jorge Triaca (Pro) y Martín Sabbatella (Nuevo Encuentro).


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