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¿Venta de uranio a Teherán? “No se habla más de eso”
• Entrevista al ministro de Defensa de Brasil, Nelson Jobin.
Nelson Jobim
Es el primer civil en la historia de ese país en hacerse cargo de esa cartera, y uno de los pocos miembros del gabinete de Luiz Inácio Lula da Silva que continúa su labor en el de Dilma Rousseff. Exministro de Justicia en el Gobierno de Fernando Henrique Cardoso, exjuez de la Corte Suprema, el nombre de Jobim siempre suena como «presidenciable». En entrevista exclusiva con Ámbito Financiero luego del seminario de ministros de Defensa de la Unasur, Jobim descartó tener sueños presidenciales «por ahora» pero en cambio, definió los lineamientos principales de la actual política de defensa de su país.
Periodista: En el reciente seminario de ministros de Defensa de Unasur, usted se refirió a las nuevas amenazas para la región. ¿Cuáles son?
Nelson Jobim: Hay que aclarar que América del Sur no está en una conspiración ante el peligro de amenazas. A la vez, nuestra generación tiene la necesidad de formular una política de defensa disuasiva regional para 2040, cuando seguramente haya escasez de recursos alimentarios, de agua potable, de energía. Y América del Sur es muy rica en todo eso. En cuanto a amenazas, las que tenemos hoy son asimétricas: aquellas afirmaciones que nosotros hacíamos de guerra convencional entre Estados hoy son impensables para América del Sur. Hay problemas asimétricos como la cuestión del narcotráfico, el crimen organizado, el tema de la permeabilidad en las fronteras. También la cuestión del clima: debemos construir una organización para ayudarnos frente a los desastres naturales. Pero guerras convencionales, entre nosotros, no.
P.: Usted fue ministro de Defensa con Lula primero y ahora con Dilma. ¿Hay cambios en la política del área?
N.J.: Son la misma cosa. Hay un ajuste presupuestario que es la consecuencia de cómo Brasil viene enfrentando la crisis iniciada en EE.UU. en 2008. Redujimos las inversiones en Defensa, de acuerdo con un recorte del Presupuesto. Pero es temporario, circunstancial. Nuestro plan es de largo plazo, a 25 años.
P.: ¿En qué quedó la compra de los aviones cazas?
N.J.: Será más adelante. No es el momento político para hacerlo, además de la cuestión presupuestaria.
P.: ¿Cree que el expresidente Lula empujó demasiado la compra de los Rafale de la Dassault francesa?
N.J.: La elección del presidente Lula se basó, y con razón, en que Francia puede transferir tecnología a Brasil. Algo que no ocurre con los estadounidenses, que tienen restricciones. La cuestión es delicada porque no es una negociación de Estado a Estado sino del Estado brasileño con las empresas, y Washington es el que después tiene que decidir si autoriza o no la transferencia de tecnología. Eso no le interesa a Brasil.
P.: ¿Es una decisión tomada, aun cuando EE.UU. haya reiterado con varios emisarios y hasta con una carta de Hillary Clinton de que está dispuesto a transferir tecnología?
N.J.: Ya tuvimos nuestra propia experiencia en lo que se refiere a transferencia de tecnología con EE.UU.: el último ejemplo es el embargo que hasta hace poco tuvimos con un material destinado a las centrífugas de los reactores brasileños.
P.: ¿Sigue en pie el proyecto postulado por Lula y su canciller Celso Amorim de venderle uranio enriquecido para uso medicinal a Irán?
N.J.: No se habla más de eso.
P.: Que su Gobierno impidiese que, en ruta a las Malvinas, un buque británico recalase en puerto brasileño, ¿es un gesto o es una política de Estado?
N.J.: Es una política y antigua. Brasil reconoce la soberanía argentina en Malvinas desde el siglo XIX. Nosotros ahora reconocemos la soberanía argentina sobre las Sandwich y sobre las Georgias. Es una posición política clara de apoyar a las posiciones soberanas de los Estados sudamericanos.
P.: ¿Qué opina de la Comisión de la Verdad que revisa la dictadura militar brasileña?
N.J.: Yo conduje los inicios de esa propuesta durante el Gobierno de Lula. Tiene dos características: por un lado se busca la memoria, la recuperación histórica; por el otro, no tiene ninguna función de represalia con el pasado. Brasil sabe muy bien que en la represalia con el pasado se pierde una energía terrible y no se construye el futuro. El problema para los países debe ser el futuro y no el pasado.
P.: Ante esta diferencia que usted marca respecto de, por ejemplo, lo que ha hecho la Argentina, ¿puede haber una identidad sudamericana como se postuló en este seminario?
N.J.: Una cosa es la convergencia sudamericana. Otra, las identidades e idiosincrasias de cada país, que son distintas. Vea: su pregunta parte de la premisa de que los entendimientos sólo pueden ser hegemónicos. Lo de las ideas unívocas, además de una mera construcción psicológica es una premisa, un supuesto, que viene del Norte y no de los que le toca formular a nuestra región.
Entrevista de Carolina Barros


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