- ámbito
- Edición Impresa
Veronese agiliza un clásico de Williams
Además de la atractiva Blanche de Erica Rivas, «Un tranvía llamado deseo» tiene una convincente actuación de Paola Barrientos como Stella, mientras a Diego Peretti le falta explorar otras facetas de su violento Kowalski.
Fue Marlon Brando (primero en teatro y luego en cine, dirigido por Elia Kazan) quien alteró el eje central de esta valiosa pieza de Tennessee Williams, estrenada en Broadway en diciembre de 1947.
Dueño de una virilidad primitiva y un gran poder de seducción, Brando convirtió a Stanley Kowalski (un personaje brutal que no se priva de golpear a su mujer) en el héroe de una historia que en realidad habla de la relación entre dos hermanas (Blanche y Stella) y de su fracaso vital en un mundo dominado por los más fuertes. Al menos es lo que se aprecia en esta ágil versión de Daniel Veronese, que suena muy actual gracias a la neutralidad de sus diálogos y a la supresión de algunas escenas que hoy resultan un lastre para el desarrollo de la acción.
Blanche Dubois, la gran protagonista de la pieza, ha sido interpretada por centenares de actrices (desde Vivien Leigh, Glenn Close y Cate Blanchett hasta nuestra Graciela Dufau) todas ellas en el esplendor de su madurez. Aún cuando el personaje ronda los 30 años, tal como lo indicó el autor. Mucho más cercana a esta edad, Erica Rivas («Casados con hijos» en TV, y, en cine, «Una novia errante» y «Por tu culpa», entre otros films) es una Blanche muy atractiva y seductora, con un gran talento para la manipulación. Sus ironías provocan risas en la platea (cuando discute con su cuñado Kowalski, cuando niega su declarado alcoholismo o cuando atrae a su telaraña a un desprevenido muchachito al que desea besar).
No obstante su debilidad por los hombres, está lejos de ser una mujer liberada o una ninfómana decadente. Se trata más bien de una criatura soñadora incapaz de enfrentar la realidad. Terriblemente afectada por la siniestra seguidilla de muertes que arrasó a su familia y por el suicidio de su joven marido al que sorprendió en la cama con otro hombre, Blanche se creó un mundo de fantasía en el que reina como una dama culta, refinada y rodeada de pretendientes.
En su burbuja no hay lugar para seres tan vulgares como Kowalski. Pero éste olfatea de entrada el falso triunfalismo de su cuñada y se esmera en desenmascararla. No sólo esta harto de su mirada despreciativa y de que interfiera en su vida conyugal, tmbién está celoso de su complicidad con la dulce Stella (convincente labor de Paola Barrientos). La hermana menor es la contracara de Blanche: sencilla, pragmática, adaptable a la realidad. Pero, a su modo, también se equivoca en creer que la vida y la seguridad de una mujer dependen exclusivamente del hombre.
El Kowalski de Diego Peretti emana peligrosidad y rudeza, pero aún le falta explorar otras fibras del personaje. Ya de entrada se lo ve muy enojado y salvo en la famosa escena en la que aúlla el nombre de Stella como un perro herido, casi no abandona su estado de furia durante el resto de la obra. En su accionar falta una dosis de duda, sorpresa y debilidad, ya que todo golpeador esconde una gran inseguridad.
El juego de atracción y rechazo que comparte Blanche estalla en la célebre escena de la violación, que aquí no se concreta. Es decir, la acción se interrumpe antes de que los cuerpos se toquen. Este cambio de código resulta algo desconcertante ya que en escenas previas, Kowalski destroza un plato con sus puños y Blanche rompe una botella para poder defenderse.
La pieza atrapa, está narrada con claridad y cuenta con una bella escenografía como escapada de una pintura de los años 50. El elenco es homogéneo y hay una excelente conexión en el trío principal, cuyos personajes invitan al debate. En cuanto al drama que vive la protagonista, no hay dolor ni emoción en su camino a la locura (la acción vira por momentos hacia la comedia).
Esta es una Blanche demasiado irónica y arrogante, casi una bipolar en su modo de expresar sus terrores (en estallidos breves y aislados). No resulta tan loca como para justificar su internación psiquiátrica, pero le sobra encanto y glamour, aún cuando le haga la vida imposible a quienes la rodean.


Dejá tu comentario