15 de marzo 2010 - 00:00

Versátil María Volonté deleitó con nuevo show

María Volonté no es convencional y allí está su mejor virtud. A su voz impecable y sensual le agrega una búsqueda que la lleva a romper siempre con el molde.
María Volonté no es convencional y allí está su mejor virtud. A su voz impecable y sensual le agrega una búsqueda que la lleva a romper siempre con el molde.
Actuación de María Volonté (voz, guitarra). Con Joaquín Sellan (piano), Fabián «Sapo» Miodownik (batería) y Jorge Rabito. Invitada: Liliana Pasquinelli (voz). (Jazz Voyeur; todos los viernes).

Su último disco se llama «Sudestada» y fue editado en 2007. Ya allí, María Volonté, que hace unos años se ha radicado en California, empezó a mostrar un vuelco fuerte respecto de lo que venía siendo su trabajo anterior. Hace años la conocimos como cantante de fados portugueses. Después, tomó la senda del tango y se convirtió en una de las voces femeninas más representativas del género. Hizo su versión -muy buena- de la operita «María de Buenos Aires» de Piazzolla y Ferrer, y experimentó en muy diferentes variantes de arreglos y acompañamientos para la música rioplatense.

El siguiente paso fue un acercamiento al folklore argentino, al candombe uruguayo y a otros repertorios latinoamericanos. Y finalmente se atrevió a mostrar sus propias creaciones. En el presente -en un ciclo que la muestra de paso por Buenos Aires-, ya no quedan fados ni tangos en su repertorio; y lo que será su próximo álbum -probablemente grabado este año- dará cuenta de este proceso.

Lo que se escuchó en Jazz Voyeur combinó un tema de Gardel -pero no un tango sino el bolero «Cuando tú no estás»-, clásicos como «Pequeña», «La flor de canela» y «Gracias a la vida», «Yo soy María» -de la mencionada operita de Piazzolla-, «Vuelvo al sur» -de la película de Pino Solanas- y unas cuantas canciones propias. De ellas, vale la pena rescatar muy especialmente «Ituzaingó», una pieza emotiva que cantó acompañada por su hermana Liliana Pasquinelli- «Candombe silbador», escrita junto al uruguayo Daniel Maza, y «El beso azul», un trabajo muy logrado con remide Violeta Parra.

Pero Volonté no es convencional en su modo de cantar, y allí está su mejor virtud. A su voz impecable, dulce, prolija, sensual, le agrega una búsqueda que la lleva a romper siempre con el molde. Así, el blues se mete en la canción chilena, la milonga en el aire tanguero, el jazz en el vals peruano. Y las diferentes combinaciones de instrumentos -a veces, inclusive, se acompaña exclusivamente con su guitarra- van dando colores variados y sorprendiendo a lo largo del concierto.

Un renglón aparte merece el excelente trabajo del bajista Jorge Rabito, una base fundamental para esta banda más heterodoxa de la Volonté actual.

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