18 de diciembre 2008 - 00:00

Viaje con moscas, pero sólo si lo hace en 3D

Las mosquitas espaciales no necesitan alejarse de la gravedad para volar.
Las mosquitas espaciales no necesitan alejarse de la gravedad para volar.
Los protagonistas de esta odisea espacial animada son tres moscas polizontes que viajan a la luna en la expedición pionera de la Apolo XI en julio de 1969, junto con los astronautas Neil Armstrong, Michael Collins y Edwin Aldrin (quien hace una aparición especial antes de los créditos de cierre).
Previamente a cualquier consideración hay que hacer una advertencia: «Vamos a la luna» es una de las más espectaculares realizaciones para chicos hechas con la técnica 3D; la que más recursos explota y aprovecha y la que, valiéndose de las características de sus personajes, es decir, las moscas, las hace actuar y volar casi junto a las narices de los espectadores. Y, como ya se pudo ver en las funciones previas, para los chicos este formato representa una fuente casi permanente de diversión y placer -mucho más que la misma historia-, y más de una vez extenderán las manos hacia adelante, gracias al efecto creado, para tratar de atrapar o espantar a las moscas. Sin embargo, con excepción de algunos pocos cines preparados para la exhibición en 3D, el film se proyectará de manera convencional en la mayor parte de las salas. Y la advertencia es esta: verla sin el efecto tridimensional es un desperdicio, casi como ir al Epcot Center de Disneyworld y ver las atracciones sin esa técnica. Porque el film, en realidad, está mucho más cerca de una atracción de parque temático que de una satisfactoria película animada. Su argumento es algo previsible, un tanto antiguo, y carece de las sorpresas y giros que suele tener el cine de animación en los últimos años. Con excepción del «abuelo mosca», quien en sus buenas épocas hizo el cruce transatlántico con Amelia Earhart, el resto de los personajes no presenta mayores relieves (dejando de lado el 3D, claro). El mismo viaje a la luna es un tanto monótono, y se acerca más a una adaptación didáctica de Discovery Kids sobre la gesta.
Sin embargo, en su vocación rétro, la historia contiene una subtrama desembozadamente patriotera, consistente en la participación de malévolas y despiadadas moscas soviéticas, que enfurecen en el Kremlin por la hazaña norteamericana y envían a Washington un espía de cara cortada para boicotear la misión. Estas moscas malísimas son lo más divertido de la película aunque, extrañamente, también podrían enfurecer la recta conciencia de algunos padres, que admiten y ríen con este tipo de villanos rusos en «El superagente 86» aunque no los toleran en una producción actual, pese a que se trate de lo mismo.

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