30 de abril 2010 - 00:00

Vibrante homenaje a Chopin de Lavandera

Homenaje a Frédérik Chopin. Piano: H. Lavandera. (Teatro Coliseo).

La Asociación Festivales Musicales de Buenos Aires inauguró su Festival 2010, «Bach y el círculo Schumann», con un homenaje a Frédérik Chopin (1810-1849) en el bicentenario de su nacimiento. El concierto estuvo a cargo del prestigioso pianista argentino Horacio Lavandera, quien consagró íntegramente el repertorio a obras del homenajeado.

Horacio Lavandera posee como mérito fundamental una técnica pianística depuradísima. Se hace muy difícil detectar en sus interpretaciones algún error mecánico. Salvado desde el principio este aspecto, cualquier consideración posterior generalmente compete a los componentes conceptuales que hacen al acabado de cada una de sus ejecuciones. La expresión, en ocasiones con signos de parquedad, no son más que una mirada sumamente objetiva a los materiales entre manos.

El suyo es un Chopin despojado de condicionamientos románticos excesivos. Hay una distancia brechtiana en sus lecturas. Puede ser leve y efervescente como en los valses (tocó esta vez Gran Vals Brillante en Mi bemol Mayor, Op. 18 y Gran Vals Brillante en La bemol Mayor, Op. 34 N° 1) y también profundamente dramático como en la Sonata en Si bemol menor, Op. 35, donde el pianista deleitó y se deleitó a sí mismo con un fraseo tan refinado y virtuoso que, si bien el oyente atesora paradigmas de interpretación chopiniana como, por caso, las de Rubinstein, Arrau, Horowitz, Lipatti o Kisin, éstas se guardan provisoriamente en la memoria para gozar con lo que Lavandera nos propone en el presente.

La dinámica, el juego de «pianissimi» y «fortissimi», la riqueza de matices, los colores y su respiración agitada o calma diseñan un fresco de sinestesias permanentes. La curva expresiva se expande desde el meditativo «Nocturno» en Mi bemol mayor, Op. 9 N° 2 hasta que se agiganta y solemniza con la «Polonesa» N° 6, «Heroica» en La Mayor y luego se vuelve poética en la «Balada» (en Sol menor).

Contrastes entre el «Scherzo» en Si bemol menor y la Sonata con un «finale: presto» conclusivo que anticipa en su modernismo al mismísimo Stockhausen, el idolatrado contemporáneo del pianista argentino, aunque esto parezca imposible. Una manera artística válida de ensamblar la creatividad de doscientos años de una música superior. Lavandera lo hace.

Dejá tu comentario