19 de septiembre 2008 - 00:00

Vicky y Cristina, ahora en tierra vasca

Woody Allen llega a la proyección de su film rodado en España, con susactores Javier Bardem y Rebeca Hall.
Woody Allen llega a la proyección de su film rodado en España, con sus actores Javier Bardem y Rebeca Hall.
San Sebastián - Todo el glamour, la variedad y la carne en el asador puso el festival de San Sebastián en su inauguración. Pruebas al canto, la presencia de Woody Allen, Antonio Banderas, Javier Bardem, los maestros Mario Monicelli y Terence Davies, que comienzan respectivos ciclos sobre sus obras.

Primer homenajeado, y primera polémica, Banderas recibió el premio Donostia. Considerando que los dos únicos españoles anteriores fueron nada menos que Fernando Fernán Gómez y Francisco Rabal, hubo unas cuantas voces de protesta. El mismo se mostró inhibido. «Me siento abrumado», declaró, pero no lo rechaza. «Se lo merece», terció Bardem, «porque es un tipazo al que le debemos mucho los actores, no hay más que agradecerle lo que hace por sus colegas y por su país, y además es un gran actor», terminó exagerando, aunque nadie advirtiera demasiado esto último en la película de inauguración, «The Other Man», donde Banderas, como dice el título, es el otro hombre en la vida de una mujer casada.

Después el marido, Liam Neeson, verá que ella tiene muchos otros hombres, pero se ensaña con Banderas, quizá porque es el más langa, cálido, generoso, «un hidalgo español un tanto rayado, como dicen los argentinos», se definió el actor.

«No me intimidó actuar con Liam Neeson, porque no me intimida ningún actor», comentó en la rueda de prensa, agregando «sólo me intimidó Fernán Gómez, delante suyo me sentía como papando moscas, pero aún así trabajé tres veces con él». También quisiera trabajar de nuevo con Almodóvar («no nos vamos a limitar a darnos un abrazo en el escenario»), y recordó con orgullo las cinco obras que hicieron juntos. 

«Entonces casi rozábamos el cine maldito, los encuentros con el periodismo parecían combates de boxeo, pero él impuso su estilo, y hoy el tiempo ha convertido esas obras en clásicos. Cuento algo curioso de 'La ley del deseo' en Norteamérica. Cuando los distribuidores vieron que yo hacía un homosexual, besándose con otro hombre, se pusieron muy nerviosos. Pero cuando vieron que después mato un tipo y lo tiro por el acantilado, eso ya les pareció bien, y decidieron estrenarla. Es cierto el dicho, en Hollywood gustan más los tiros que el sexo», dijo.

Quizá por eso mismo, Woody Allen filmó en Cataluña y Asturias su nueva comedia, «Vicky Cristina Barcelona», sobre dos amigas norteamericanas que se enredan sucesiva y alternativamente con un pintor español muy galante y avasallante, pero también muy enredado con su ex mujer, una loca de atar a la que tiene, quizá, demasiada piedad. Con un tono muy propio, situacionesinesperadas, hermosas locacionesy algún parentesco lejano con ciertascriaturas de Henry James, esta nueva comedia es, si se quiere, pequeña pero placentera, y dice muy bien lo suyo acerca de las confusiones sentimentales, las estructuras mentales, y el simple gusto de disfrutar una historia.

«Fue un deleite, amo trabajar en una ciudad cosmopolita, con excelentes actores y técnicos, mi familia amó vivir tres meses en Barcelona, y ya me está presionando para pasar otros tres meses en alguna ciudad parecida. No todos la ven así, pero Barcelona me pareció romántica. También me gustó Oviedo, me parece el paraíso donde refugiarme, una ciudad demasiado buena para ser real, y encima me han hecho un monumento. Estoy anonadado. Y ahora me dicen que es el lugar más visitado de Oviedo. ¿Pero más visitado por la gente, o por las palomas?», bromeó.

Hace dos años, en ese mismo salón de conferencias de San Sebastián, Woody Allen estaba tenso, molesto. Ahora lució descontracturado, chistoso.Disipó habladurías sobre una peleacon Scarlett Johansson («me encantaría trabajar una y otra vez con ella»), bromeó sobre una encuesta metrosexual que reniega del macho latino, y sobre sí mismo: «si esta película parece más energética que las anteriores, es por el buen encuentro de todas las partes implicadas, aunque durante el rodaje no me he sentido más joven, mi cuerpo me hizo la misma cantidad de quejas de siempre, y yo hoy sigo siendo el mismo viejo mala leche de siempre».

Hizo también un plan de acción: «Debo hacer otros tres films con los mismos productores. Ya tengo fecha de rodaje del primero, en otro país, entre junio y agosto próximo, aunque todavía no escribí nada. Tendré que escribir algo pronto, pero no tan pronto, porque antes quiero pasear y escuchar música».

En un aparte, Javier Bardem, el macho latino que aquí está dedicado a ser amable con Scarlett Johansson, Penélope Cruz y Rebeca Hall ( deliciosa como la chica estructurada totalmente turbada por el seductor), explicó una clave del éxito alleniano: «El señor Allen construye personajes de reacciones muy placenteras de interpretar, seres que se mueven entre la locura, la confusión, el coqueteo, el encanto, el odio, y la cosa imantada, personajes que le hacen a cada estereotipo una pirueta, dejando ver lo que tienen de humano, lo que hay detrás de cada uno, tanto los latinos como las americanas en el extranjero. Hubo mucha creatividad en los ensayos, pero nada de improvisación. Los diálogos que digo con Penélope Cruz en español, están literalmente traducidos de su libreto en inglés. ¡Nunca se me ocurriría cambiar una sola palabra de un diálogo del señor Allen! Cada diálogo es una joya». Y a eso se suma el relato en off del propio autor.

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