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Víctor Torres: “La lengua limita, sólo la música une”
Víctor Torres (der.), acompañado por el pianista y compositor Luis Mucillo, que lo secundará en el ciclo de canciones folklóricas de Britten durante tres noches.
Periodista: ¿Qué desafío implica afrontar este ciclo completo?
Víctor Torres: Britten es un compositor que me encanta, y veo que está apareciendo más ahora, como si la arena se hubiera ido y apareciera el relieve: se ve más nítidamente el gran armador que era, en el sentido de organizar material en una forma didáctica y clara. A Britten le atraía la infancia y el mundo de los niños, amaba el mundo virginal, de la música inglesa antigua, los madrigalistas, Schubert. en estos arreglos de canciones está todo eso, es un mundo totalmente britteniano aunque las melodías no sean suyas. Algunas no tienen nada de britteniano, pero si él decidió incluirlas y arreglarlas fue porque la canción significa algo muy particular. Yo me doy cuenta de que cuando el compositor le da a uno todo hecho, uno lo ama porque le da todo lo necesario para gozar, pero otras veces hay que excavar un poco para encontrarle la gracia, no es porque no la tenga, sino porque no es tan evidente. Me siento muy identificado con esta música porque me trae algo de la infancia, porque el mundo de la infancia es comunitario.
P.: Se dice que la infancia es la patria del alma.
V.T.: Para mí estas canciones que son del suelo, de la gente, están en la sangre de todos. El idioma universal de la música nos pone a todos en un lugar común, más allá de que leamos música o no. Los que leemos esos jeroglíficos nos enteramos de cosas que ya están ahí, y la lengua tiene sus limitaciones.
P.: ¿Cómo fue el trabajo con Mucillo?
V.T.: Es un muy buen pianista, nos vamos poniendo de acuerdo. A veces hay diferencia en el concepto de los «tempi», hay cuestiones propias del fraseo y del cantante, del «soplador», aunque el que sopla por un tubo tiene un manejo del aire con un instrumento que está armado, pero uno es instrumento e instrumentista y no puede tocar bien si el instrumento está mal armado y viceversa. En pos de la música mi instrumento sufre unas transformaciones que hacen que a veces finalmente no sepa qué instrumento es, pero por respetar la música y amarla no me importa si no estoy perfectamente armado. Mi búsqueda a veces es que no suene lindo, o mejor dicho que algo moleste, que produzca otra cosa.
P.: ¿Qué relación entabla con la canción en general?
V.T.: Lo mío es la canción. El teatro también me gusta mucho, pero la ópera es una profesión. Y no es que me atraiga la canción en principio por la letra: me atrae la canción en sí, como forma. Lo mismo me pasa con el cuento: me atraen los cuentos, los poemas, las novelas cortas. tal vez es un problema de concentración. Me gustan las formas pequeñas, me da la sensación de que las puedo apreciar mejor. Hay formas grandes que se me escapan, por ejemplo Wagner, y no es que no me guste, me parece una maravilla, pero hay que prestarle atención, y no se puede prestarle atención en medio minuto. La canción en poco tiempo encierra mucho, y da la posibilidad de hacer varias «operitas» sucesivamente.
P.: ¿De qué manera encara su tarea como maestro de canto?
V.T.: Es algo muy complejo que hay que hacer con muchas ganas pero con menos expectativas, porque no se sabe de dónde sale el agua. Uno a veces se esperanza con alguien porque le ve condiciones y después se dedica a otra cosa. Nunca me adherí a ningún método extranjero, «la técnica de». Yo aprendí a estudiar con Catalina Hadis, que quería que yo aprendiera a enseñarme a mí mismo. No sé si lo aprendí, pero ése es el sentido que yo le doy a mi docencia: crear seres libres.
Entrevista de Margarita Pollini


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