10 de junio 2011 - 00:00

Vieja costumbre de los cinéfilos

Ha causado extrañeza en las nuevas generaciones un detalle de «Alfredo Li Gotti, una pasión cinéfila», el documental de R.A. Gómez sobre el famoso coleccionista de cine, estrenado la semana pasada en el Malba y ahora también en el Cosmos. Y es que en cierta escena los parientes de Li Gotti recuerdan un alegre entretenimiento familiar: ponerle voces a las películas mudas. Se ha dicho que ésta es «una operación que cualquier cinéfilo vería horrorizado y que el director no cuestiona».

En verdad, es una operación tan vieja como el cine. Ya las primeras cintas eran acompañadas por narradores que además interpretaban los diálogos para el público analfabeto. En EE.UU. se los llamaba talkers o explainers, en Alemania spielers, en Corea pyonsa, y en Japón benshi o katsuben. También eiga setsumeisha, explicador de películas.

Los japoneses hicieron de esto un verdadero arte, incluso elogiado por los teóricos Noel Burch y David Bordwell. Ellos explicaban, interpretaban los diálogos, y hasta daban su opinión sobre lo que iba pasando en pantalla. Para dejar testimonio (hoy apenas quedan diez oficiantes), algunos estudiosos llegaron a grabarlos, así ahora pueden verse viejas películas japonesas con o sin aporte del katsuben, ya que esa costumbre jamás afectó la copia fílmica, ni allá ni en la casa de los Li Gotti.

Pero hay algo más. Como se sabe, Abel Gance filmó «Napoleón» en 1927, muda. Pero en 1936 él mismo hizo grabar los diálogos a los actores, entre ellos Antonin Artaud, y muy orgullosamente reestrenó la obra en versión «sonora y hablada», como se decía entonces, «para horror de cualquier cinéfilo». de ahora. Dicho sea de paso, esa es la versión que rescató y restauró Claude Lelouch en los 80, alentando a su colega Francis Coppola a restaurar la muda. Hoy pueden disfrutarse ambas.

Paraná Sendrós