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¿Viene el despegue después de la crisis?

El tema no es nuevo para la Argentina. Conocido internacionalmente como productor de alimentos, el país habitualmente abastece en forma sobrada la demanda interna de todos los alimentos básicos, por lo que la única posibilidad de crecer a partir de allí, es con una mayor participación del comercio exterior.
Pero de hecho, fue justamente a partir de los problemas crecientes que fue presentando la exportación, que se demolió el sector a partir de 2010 e implicó la desaparición de cantidad de granjas, productores y el achicamiento de otros. Se sacaron más de 5 millones de ponedoras de la producción. Así, de una producción que el año pasado rondó los 10.000 millones de unidades (con 37-38 millones de gallinas), las ventas al exterior apenas rondaron el 8%-10% , menos de 500 toneladas por un millón de dólares.
Las limitantes son conocidas. Según Héctor Motta, presidente honorario de la cámara que nuclea a las empresas de la actividad (CAPIA) y de la Asociación Latinoamericana de Avicultura (ALA), "el tipo de cambio complica mucho las operaciones. Fue competitivo hasta alrededor de 2007, pero a partir de ahí fue cayendo, y hoy se necesitaría, por lo menos, un 25% de mejora, alguna forma de reembolso", señaló el dirigente.
Para el analista Adalberto Rossi, por su parte, aunque los precios internacionales no son tan malos, "al pesificarse las divisas al tipo de cambio oficial, resulta que el precio interno termina siendo más atractivo al punto que el precio equivalente de un cajón de huevos sería de $ 120 en el exterior, versus $ 220 en la plaza interna", explicó. (Cabe aclarar que el costo de producción supera los $ 160.)
Por supuesto, que la única exportación factible en estas condiciones, es el huevo procesado, y se paró totalmente la de "huevo en cáscara" que se hacía a varios destinos, algunos en África.
Aunque por distintas razones, la situación es similar a la que en su momento se vivió con la carne y ahora con el trigo, es decir, ante el défict/achicamiento de la oferta se produce una abrupta recuperación del precio interno que termina despegándose del mercado internacional.
Y esto es especialmente así en el caso del huevo y sus subproductos, ya que presenta una demanda interna bastante inelástica a la suba de precios, que se mantiene relativamente alta en alrededor de 240 huevos per cápita por año, volumen que, de todos modos, está bastante alejado de los 380 que consume, en promedio, cada chino en un año, los 280-300 de los Estados Unidos o los más de 400 de México y Japón. De hecho, la tendencia logró mantenerse creciente en los últimos 20 años, desde los 90 cuando el consumo se ubicaba en aproximadamente 150 unidades por año, cifra que ya había pasado a unos 180 en 2000.
Pero ahora, las expectativas de los productores para el mercado local, sólo pasan por un eventual crecimiento vegetativo del consumo interno, y tal vez, la aparición de algún nuevo nicho.
La perspectiva, sin embargo, cambia sustancialmente en el mercado internacional que después de estar muy ofertado desde 2010, comenzó un importante reacomodamiento ligado a las crecientes exigencias, sobre todo en Europa, por el bienestar animal, lo que forzosamente va a limitar y encarecer esas producciones.
Y ahora realmente, después de varias oscilaciones, el sector que está constituido por más de 700 productores registrados (aunque sólo unos 125 son "grandes", y tienen escala con más de 80-100.000 ponedoras en producción), se encuentra en condiciones técnicas de "salir" con fuerza al mercado internacional con una avicultura moderna, pero que por el momento, perdió buena parte de su competitividad. Algo parecido había pasado en los primeros años de esta década cuando, tras las fuertes inversiones de los 90, también quedaron "afuera". Luego, la devaluación de 2002 permitió recuperar buena parte de la rentabilidad de la actividad, lo que disparó nuevas inversiones por unos u$s 250 millones.
La tendencia se mantuvo hasta casi 2008 cuando comenzó nuevamente la caída que se acentuó en los últimos tiempos, a pesar de lo cual hay inversiones (todas orientadas a la exportación) por otros u$s 150 millones, la mayoría ligadas a los créditos del Bicentenario, y que ahora sólo necesitan una "señal" oficial para poder consolidar, finalmente, la posición argentina en el exterior.


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