31 de diciembre 2010 - 00:00

Violencia e intentos de saqueos jaquean el ajuste de Evo Morales

Las manifestaciones de protesta contra el ajuste de Evo Morales fueron masivas en El Alto (izquierda). Abundaron escenas de forcejeos con la Policía en las puertas de los bancos debido a las versiones sobre un «corralito» (arriba) y de hechos de violencia callejera (abajo).
Las manifestaciones de protesta contra el ajuste de Evo Morales fueron masivas en El Alto (izquierda). Abundaron escenas de forcejeos con la Policía en las puertas de los bancos debido a las versiones sobre un «corralito» (arriba) y de hechos de violencia callejera (abajo).
La Paz - La mejora del 20% en el salario mínimo y en el sueldo de estatales, anunciada el miércoles por Evo Morales, no evitó ayer una violenta jornada de protestas en contra de la decisión del Gobierno boliviano de aumentar los combustibles. Ataques a oficinas de sindicatos afines al Ejecutivo, piquetes y manifestaciones callejeras marcaron el tono de la más dura reacción popular contra Morales desde que éste asumió, hace cinco años.

El epicentro de las protestas fue la capital, La Paz, y la vecina y populosa El Alto. Además, violentos enfrentamientos tuvieron lugar en Cochabamba. Como resultado de ellos, cuatro policías fueron heridos -uno de gravedad- y 16 activistas estudiantiles quedaron detenidos.

Un quinto efectivo de seguridad recibió esquirlas de un estallido de dinamita en La Paz.

La Federación de Juntas Vecinales (Fejuve) de El Alto, una combativa organización que demostró su poder en las protestas que derribaron a los presidentes Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Mesa en 2003 y 2005, respectivamente, encabezó la marcha más numerosa, que derivó en serios incidentes.

El ministro de Gobierno, Sacha Llorenti, intentó minimizar los hechos al afirmar que «se registran algunos bloqueos esporádicos, muy pequeños, en algunas ciudades, fundamentalmente en El Alto y algunos puntos de La Paz». «La mayoría de las capitales del país está desarrollando sus actividades con relativa normalidad, estamos haciendo un seguimiento», aseveró.

El domingo, Morales había anunciado un aumento del 82% del gasoil y un 57% de la nafta, debido a la necesidad de dejar de subsidiar ese recurso.

Ante una revuelta cuyo final no está claro, el izquierdista Morales dijo que asumirá el costo político del aumento, que -forzado a la ortodoxia por no poder mantener el actual nivel de subsidios- repercutió en la semana en alzas de hasta un 150% en los pasajes del irregular sistema de transporte urbano, a la vez que escasez y encarecimiento de los alimentos.

El miércoles, el mandatario anunció un aumento del 20% en los salarios mínimos y en los de las fuerzas de seguridad, maestros y trabajadores de la salud, en tanto el Gobierno y la banca privada rechazaron rumores de restricciones en los movimientos de fondos («corralito») que habían ocasionado una incipiente corrida bancaria que ayer persistió. Junto con el aumento salarial, Morales anunció el congelamiento en las tarifas de agua, electricidad y telefonía.

Sin atender paliativos, habitantes de El Alto comenzaron a concentrarse temprano en el ingreso de la autopista que une esa ciudad con La Paz y a media mañana aparecieron también grupos contrarios a la protesta, que acusaban a los primeros de apoyar el contrabando de combustibles al exterior, que según el Gobierno costó este año 380 millones de dólares, un 2% del PBI.

Patricia Coyo, una lavandera de 30 años oriunda de El Alto -ciudad de casi un millón de habitantes ubicada a una altura de 400 metros más que La Paz-, expresó el sentimiento de los sectores más radicalizados: «Así como lo hemos subido (a Evo al poder), igual le vamos a bajar, nos hemos dado cuenta de que Goni (Sánchez de Lozada, liberal) y Evo son la misma porquería».

«La población (de El Alto) en general se siente traicionada por el presidente, porque le ha dado el 83% (de apoyo en las elecciones) para que sea Gobierno», explicó Claudio Luna, uno de los líderes de la Fejuve.

«Muera el gasolinazo», «El Alto de pie, nunca de rodillas», gritaban los manifestantes, que iban bloqueando el camino con piedras y llantas encendidas.

Lejos de allí, en otra zona de El Alto, enardecidos grupos de vecinos intentaron saquear comercios y las oficinas de la sindical Central Obrera Regional y de un sindicato de vecinos, acusando a las dos organizaciones de ser aliadas de Morales, pero la reacción policial impidió tal propósito.

A su vez, decenas de manifestantes, entre ellos varios encapuchados, quemaron la estación de peaje en la entrada a La Paz. No hubo confirmación de detenidos ni heridos.

La Paz se paralizó, sólo funcionaron algunos taxis y combis que desobedecieron el paro de 24 horas convocado por empresarios y choferes.

La marcha llegó hasta el centro de La Paz, donde no se registraron incidentes. «Evo, éste es el pueblo, corrige tu error», gritó la presidenta de la Fejuve de El Alto, Fanny Nina, a la cabeza de una columna que llegó a una cuadra del presidencial Palacio Quemado. Una escena que Morales jamás se hubiera imaginado hasta hace una semana. No obstante, ayer reconoció que si fuera dirigente sindical, también estaría protestando.

Agencias ANSA, AFP, EFE, Reuters y DPA

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