Visión amarga y melancólica de gente que sueña con la TV

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"Reality" (id., It., 2012, habl. en it.). Dir.: M. Garrone. Guión: M. Garrone, U. Chiti, M. Brauzzi, M. Gaudioso. Int.: A. Arena, L. Simioli, N. Paone, N. Iorio, N. Schiano, R. D' Urso, G. Cervizzi, C. Gerini.

Ya autor de unas cuantas películas, Matteo Garrone había sorprendido especialmente con "L' imbalsamatore" y con "Gomorra", nerviosa descripción de las mentes que adhieren a la mafia napolitana, la famosa camorra. Acá nos sorprende con una pintura ocasionalmente grotesca de otra clase de personas: esas que se fascinan con los brillos más vanos y chillones de la televisión. Su película es amarga y melancólica, precisa y angustiante. A veces también es divertida.

La acción vuelve a transcurrir en Nápoles, una ciudad vieja, estentórea, colorida, cuyos habitantes parecen cultivar el mal gusto y las ostentaciones de alegría por partes casi iguales. Precisamente, para alegrar a todo aquel que pase y compre está nuestro héroe, o antihéroe, Luciano, con su negocito de pescados y sus otros pequeños negocios para llegar a fin de mes. Un tipo entrador, simpático, canchero entre los suyos, pero demasiado inocente en otros campos. La familia lo entusiasma con entrar al programa "Grande Fratello", él se entusiasma, la ansiedad lo trastorna.

"Reality" no es exactamente una crítica al formato de "Gran Hermano" ni a su fauna, asunto ya debidamente abucheado en otras películas. Más bien, es una mirada llena de pena e ironía sobre las ilusiones y obsesiones de la gente que cree que ser un "famoso" debe sonar a gloria (clave en esto, el personaje de un ganador que se las rebusca en presentaciones y sirve de guía y modelo para el iluso). La película es también una observación sobre el modo en que el hombre simple acepta la existencia del otro Gran Hermano que puede registrarlo por la calle, y empieza a "actuar" para él. Así le va también a nuestro personaje.

Asunto interesante, como puede advertirse, digno de visión y reflexión. Expuesto, además, con unos planos secuencia que dan sensación de vida (e impresionan por el trabajo que lleva hacerlos), y a cierta altura también con unos planos tomados deliberadamente del estilo televisivo. Y siempre, un elenco de artistas locales que son un hallazgo. Al protagonista, por ejemplo, Aniello Arena, lo encontraron en la cárcel. Ahí aprendió teatro. De ahí lo sacaban diariamente, con permiso especial para el rodaje. Ahí está todavía, cumpliendo una pena de 20 años por su participación en una masacre de la camorra. Uno lo ve tan simpático, haciendo de buen padre de familia, con semejante mirada de candorosa picardía, que no cabe ninguna duda: es un actorazo. Y seguramente después de esta película mucha gente de cine estará diciendo "ojalá nunca lo enganchen para trabajar en la tele".

P.S.

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