1 de junio 2009 - 00:00

Volvieron a abrazarse

Todo un gesto. El abrazo de Martín Palermo con Juan Román Riquelme. Boca volvió a ganar, aunque la crisis sigue allí y tardarán en curarse las heridas.
Todo un gesto. El abrazo de Martín Palermo con Juan Román Riquelme. Boca volvió a ganar, aunque la crisis sigue allí y tardarán en curarse las heridas.
Boca volvió a sonreír, aunque siga sumido en una gran crisis. Su triunfo amplio y contundente ante San Martín de Tucumán y el simbólico abrazo entre Palermo y Riquelme son un bálsamo en el medio de la tormenta.

Boca ganó tres puntos que lo alejan del fondo de la tabla y del síndrome de River último del pasado Apertura. Con un técnico en retirada (ver ¿Cuál es la solución?) y un mánager que no quiere agarrar el cargo ofrecido por clamor popular y que encontró en Riquelme a un defensor de su postura. Este triunfo sirve para no acrecentar las diferencias que existen entre los jugadores y para unir el grupo.

Según Riquelme: «Bianchi no tendría que dirigir nunca más, porque ha ganado todo y no puede exponerse a que con una mala campaña ustedes lo destrocen». Todo un gesto de Román en apoyo a su maestro.

En la cancha no se vieron las diferencias. Boca fue superior a un tibio San Martín de Tucumán, timorato y sin la garra de un equipo que quiere salvarse del descenso.

Boca tardó 35 minutos en poder abrir la cerrada defensa tucumana, pero cuando Martín Palermo (el mejor de Boca) consiguió vencer a Marcos Gutiérrez, el partido se convirtió en un monólogo de Boca.

Palermo fue el eje de ataque de las mejores tardes y Riquelme, aunque con intermitencias, manejó los tiempos de juego y le puso su toque de calidad. El otro que levantó mucho su juego fue Rodrigo Palacio, que volvió a ser el delantero rápido y hábil.

Boca recobró la memoria, aunque no restañó las heridas. Ganó, y eso puso contenta a su gente, pero la crisis está muy lejos de estar resuelta. Esta semana no será más tranquila que la anterior, pero por lo menos los jugadores tuvieron un gesto amistoso. Algo que parecía muy lejano.

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