Es la primera gestión oficial de un director gerente del organismo en la Argentina en 14 años. La relación con el país siempre generó polémica, idas y contramarchas. Rato la pasó mal en 2004.
Christine Lagarde, Rodrigo Rato y Michel Camdesuss.
La francesa Christine Lagarde, directora Gerente del Fondo Monetario Internacional(FMI), arribará a Buenos Aires el próximo 16 de marzo para ser recibida por el presidente Mauricio Macri, en medio de un contexto de muy buenas relaciones, cosa que no es lo habitual con la Argentina.
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La última vez que un titular del FMI visitó el país fue el 31 de agosto de 2004 y lo tuvo que hacer de mañana, custodiado por policías debido al clima político pesado. Se trataba del español Rodrigo Rato, quien por apenas 10 horas, trató de negociar un acuerdo con el Gobierno de Néstor Kirchner en medio de las tratativas para la salida del default del 2001. El director del Fondo trató infructuosamente de que Kirchner y su ministro de Economía, Roberto Lavagna, hicieran un ajuste fiscal importante, a cambio del apoyo para el proceso de negociación con los bonistas.
Como cuenta la historia, las negociaciones fracasaron, y el organismo levantó su oficina permanente en Argentina. Luego Kirchner le pagó u$s9.500 millones al contado y desde ese momento el país no tuvo más ningún préstamo, a parte de que tampoco le permitieron más a los técnicos revisar las cuentas del país como lo indica en Artículo IV. En aquel episodio perdió el puesto de presidente del Banco Central, Alfonso Prat Gay, quien fuera reemplazado por Martín Redrado. El primero ahora forma parte del Gobierno, el segundo de la oposición. Luego le llegaría a la Argentina la censura del FMI debido a que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) que elaboraba el INDEC no era confiable.
Anteriormente el alemán Horst Köhler, había pasado por Balcarse 50, previo a que Kirchner entrara en la impronta combativa. Pero si la Argentina puede tener un recuerdo marcado a fuego, fue el del francés Michel Camdessus, quien estuvo aquí en varias oportunidades. Era la imagen del FMI para los argentinos, quien desde Washington era el responsable de habilitarle recurrentes programas financieros para el Gobierno de Carlos Menem y su ministro Domingo Cavallo, de pésima relación con la institución. Era obligatorio pasar por su despacho.
Ahora, 14 años después, un director Gerente volverá a atravesar la puerta de la Casa Rosada para entrevistarse con el presidente Mauricio Macri, obviamente, en el marco de un clima totalmente diferente. Tampoco las dos partes tienen la urgencia de cerrar un acuerdo. Hasta podría ser contraproducente para Argentina como señal de debilidad financiera, si se asume que en otros momentos de la historia se buscaba firmar algún papel con el organismo para dar señal de confianza a los mercados.
La última opinión oficial del Fondo sobre Argentina figura en el reporte sobre la revisión del Articulo IV correspondiente a 2017, del 18 de diciembre pasado. Allí se señala que "el Gobierno de Argentina ha corregido múltiples distorsiones y ha dado pasos importantes para restablecer la integridad y transparencia en las operaciones del sector público". Y afirma que "estas nuevas medidas han afianzado la economía y han corregido muchos de los más apremiantes desequilibrios macroeconómicos". También asegura que la inflación está bajando pero "a un ritmo más lento que el previsto por el Banco Central" y prevé que para 2019 el déficit fiscal primario a nivel federal se va a reducir a un 2% del PBI. De pasó, dice que sería "deseable" que el ritmo de reducción del rojo de las cuentas sea más rápido.
Es así que Lagarde llegará precedida de una buena opinión sobre el programa gradualista del gobierno de Mauricio Macri. La funcionaria también tiene previsto reunirse con el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y con el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. Por otro lado se informó que ofrecerá una charla en la Universidad Torcuato Di Tella.
Su agenda incluye participar del encuentro de presidentes de Banco Central y ministros de Finanzas de los países del Grupo de los 20 (G-20) para preparar los temas para la cumbre de los líderes mundiales del 30 de noviembre y del 1 de diciembre. Claramente, el Gobierno de Macri no tiene la intención de entrar en algún programa de facilidades extendidas o alguno de los programas que ofrece la entidad a los países socios. Pero la relación está recompuesta y tan solo se espera que en algún momento del año vuelvan los técnicos para revisar las cuentas del Gobierno.
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