2 de junio 2014 - 00:00

Wall St. y el peligro de usar la frase “esta vez es diferente”

La maldición de mayo aconseja vender la cartera de acciones. Los bonos del Tesoro son un refugio para tiempos difíciles: una baja incisiva de las tasas largas, más aún cuando no se aprecia el motivo, es un guiño intermitente que sugiere la inminencia de una detención que puede ser brusca. También es señal de apearse. Que los sectores agresivos de la Bolsa, como la tecnología que manda en el NASDAQ o las pequeñas empresas que conforman el Russell 2000, se hundan a grandes zancadas es otro aviso de ponerse en guardia. Wall Street asistió a la confluencia de las tres fatídicas señales, pero mayo terminó y el mercado alcista se yergue intacto. Los índices principales cerraron el mes habilitando una sucesión de récords.

El temor a una corrección en la Bolsa -una caída del 10% computada desde los máximos- fue muy fuerte en enero y en abril. Pero de tanto esperarla en vano se evaporó. Conste que la maldición de mayo se extiende hasta noviembre, pero la paciencia para apostar en contra encoge con las tasas cortas en cero y los índices bursátiles a sus anchas. EE.UU. se contrajo en el primer trimestre, pero el motor del traspié -el frío polar ártico- es un suceso extraordinario. La Bolsa soportó el mal tiempo con flema notable. Es fácil ahora que la economía retomó el andar que ha sido el santo y seña de la recuperación. Una media marcha que calza de maravillas con el bull market.

La Fed cambió de conductor; Janet Yellen guía con mano más suave que nadie. Es verdad que la partitura a ejecutar es un crescendo de sones marciales, pero, en los hechos, el tapering -cuyo precalentamiento trituró los nervios el año pasado- ya no perturba. Tanto que Yellen adelantó la aclimatación para la fase que viene, la maniobra crucial de abandonar las tasas cero y empezar el ascenso. Son dos sorpresas en una: que se discuta el tema tan pronto y que incida provocando una disminución de las tasas de largo plazo. Si como se dijo, la merma mueve a la desconfianza (por olfato más que por raciocinio), y ello incomodó a la Bolsa, lo cierto es que todo cambió al advertirse que era la respuesta a un nuevo mensaje del banco central. Primero, off the record, el expresidente Ben Bernanke y luego el vigente Bill Dudley de la Fed de Nueva York trajeron idéntico recado: las tasas de equilibrio de fed funds tienen que ser menores que lo que la propia institución refleja en sus proyecciones (una mediana del 4,25%). Por su culpa, el fantasma del sell in may hizo mutis por el foro. La debilidad de la tasa de diez años era un freno de mano para las acciones. Esta semana, la tasa tocó un 2,41%, y la Bolsa operó, a paso lento pero seguro, en sendero firme hacia nuevas alturas. Más aún: afloraron otras voces de la institución -Lacker, Plosser, Esther George- con un discurso áspero, peticiones de anticipar la suba de tasas y el dedo acusatorio sobre los riesgos del estímulo. ¿Qué aportaron? Ninguna zozobra (no reflejan la voluntad que predomina en la Fed). Apenas le pusieron un piso al derrumbe de las tasas. Quedó claro, sí, que ya no es el debate en la Fed lo que justifica la poda, es el apriete a quienes vendieron bonos del Tesoro a descubierto imaginando que nunca más regresaríamos a estos niveles y ahora son el blanco fácil de la especulación opuesta.

¿Esta vez es diferente? El efecto mayo/Halloween no importa. Las señales de las tasas, tampoco. Ni los resquemores por la valuación de los papeles. El deterioro de los sectores agresivos de la Bolsa, ¿no es un rasgo suyo que tiendan a anticipar el rumbo? Ahora, no. Mera rotación. Ya lo dicen Reinhart y Rogoff en su famosa investigación: no hay cuatro palabras más riesgosas que "esta vez es diferente". Y nada recuerda el peligro mejor que la increíble calma chicha que nos rodea. Los volúmenes bajísimos, la reducción vertical de la volatilidad en todas las categorías de activos. ¿Será la calma previa a la tempestad? El SP500 el viernes operó toda la rueda en un rango de siete puntos y, eso sí, el cierre lo clavó en el máximo. La historia no está condenada a repetirse, se acepta. Pero la última vez que el índice VIX tocó valor igual, en abril de 2007, la Bolsa también desafiaba las alturas ajena por completo a la crisis que bullía en sus entrañas. La parición no fue inmediata, llevó algunos meses, pero quién sabe si esta vez no es diferente.

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