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¿Wall Street, más cautelosa tras el regalo de Navidad?
El Dow Jones acumula siete subas consecutivas y clavó el viernes su récord absoluto número 38 en 2014. ¿Quién puede negar que los toros mandan? Son nueve semanas en alza -de las últimas diez- para el S&P 500, más impetuoso aún que el Dow, y el récord número 52. En el mundo de tasas cero, el Dow trepó el 8,9% desde fines de 2013, el S&P 500, el 13%. El Nasdaq les saca ventaja a ambos con el 15% (aunque se ubica por debajo todavía de sus máximos de 14 años atrás). El Nasdaq 100 -las compañías más grandes que cotizan allí- subió el 20%. Y, quién lo hubiera dicho a principios de año, el Dow de Transportes creció el 24%, desairando toda sospecha de recesión, y el Dow de Utilities (compañías de Servicios Públicos), el 29,5%, a caballo del fenómeno más notable, e imprevisto, que dejó 2014: el derrumbe de las tasas de interés de largo plazo.
No obstante, si hay que rescatar un dato crucial de esta semana breve y fulgurante, las palmas se las lleva el Russell 2000. Es la resurrección de las acciones de las empresas pequeñas -las small caps- lo que debe anotarse. Fulminadas desde marzo por el efecto Dudley -un comentario nada riguroso que vertió Bill Dudley, titular de la Fed de Nueva York, en el sentido de que "quizás" estaban sobrevaluadas -no participaron del festival que protagonizaron sus pares de mayor capitalización. La propia Yellen, meses más tarde, las volvió a fustigar anudándolas a la bolsa en la que metió a los bonos de alto rendimiento (y baja calidad crediticia). Créase o no, las cifras citadas arriba parecieran desmentirlo, la quisquillosidad por la valuación de los papeles fue una constante durante el año, como no se observó en 2012 o 2013. Sin embargo, esta semana, el Russell 2000 consiguió superar los topes de marzo último (lleva un avance del 4,4% en 2014). Una hazaña módica pero muy significativa. Que un sector muy agresivo por naturaleza -y, en estas circunstancias, el más vapuleado- asome de nuevo cabeza en alto es una señal potente para todos. Que se entienda: no es lo suyo ir a la zaga cuando el optimismo gobierna. Y en las últimas cinco ruedas, por fin, despuntaron los genes: las small caps avanzaron el doble que el S&P 500.
Si el patrón estacional es el que talla, la señal es todavía más importante. Después del rally de Navidad, toca montar el efecto enero. Y el fenómeno expansivo es, en esencia, una suba pronunciada de la Bolsa con un sesgo marcado hacia los papeles de compañías pequeñas. En los últimos 25 años, el S&P 500 acusó retornos del 0,29% mensual en enero; el Russell 2000, del 0,65%. Vale recordar que este año la apuesta fracasó, resultó un tiro por la culata, y Wall Street reculó el 5%. Pero la insistencia de los inversores debe darse por sentada. Las piezas se acomodaron solas sobre el tablero. La economía a buena temperatura: vibra en los EE.UU. (y tirita afuera). La inflación en caja (hace 31 meses que se incumple por defecto la meta del 2% en EE.UU.). Yellen que no tiene prisas. La suba de tasas cortas está fechada recién para junio. El momentum de las acciones domina la escena. Y ahora ruge el motor de las small caps. No hay garantías -se dijo: enero 2014 fue un búmeran- pero está en la sangre del inversor. Será imposible resistirse a la tentación.


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