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Walter Riso: cuando la pizza es un emblema de la patria
La búsqueda de su lugar de origen, en Nápoles, llevó al reconocido profesional a escribir una novela.
Riso. “Todos los inmigrantes, cuando llegan, necesitan reproducir las formas y recetas que son su costumbre y su saber. Buscan recuperar aromas y sabores”.
W.R.: Es que todos los inmigrantes cuando llegan necesitan reproducir las formas y recetas que son su costumbre y su saber. Buscan recuperar aromas y sabores. En Nápoles uno no come pizza, come comunidad, comunión. Y ese rito se busca trasladar. Como el de decir en vez de "cómo anda tu vida" decir "cómo va tu lucha".
P.: Andrea desprecia a su familia.
W.R.: Se avergüenza de los suyos, del padre "magliaro", vendedor ambulante que quiere que Andrea aprenda el oficio. Estudia en el Otto Krause y sufre la diferencia con sus compañeros, que son de clase alta. Y para peor, cuando muere la madre, se tiene que poner al frente de la pizzería. La pizzería es otro personaje. Ahí descubre a sus ancestros, su legado, y se reconcilia con sus orígenes. Eso a pesar de los entramados que le saltan a la vista. Los que no pudo saber o de los que no se dio cuenta. Cuando viaja con su madre en el Conte Biancamano, en el puerto de Buenos Aires lo espera su padre que lo abraza, le quita el pañal, le huele los testículos y luego dice en napolitano "Chistu e o mie figlie!", ¡Éste si es mi hijo! El padre reconoce al hijo, y la novela termina con que el hijo reconoce al padre. Aun cuando sabemos que el padre no es quien crea sino quien cría. Andrea al ir develando los secretos de su familia en vez de distanciarse se integra.
P.: Cuándo Andrea se recibe de psicólogo no logra lo que esperaba.
W.R.: Que el tío rico le pusiera un consultorio en Villa Freud, pero le da un cuartito arriba de la pizzería Vesubio, y él termina atendiendo ahí a los pacientes y hasta convidándolos con comida. Y a una paciente le da una parmiggiana con marihuana, porque el peruano ayudante de cocina se la confundió con el orégano. Andrea aprende a respetar la verdadera pizza napolitana, la margarita, por la Reina Margarita, y la marinara, que es solo con tomate y orégano. La pizza es un tesoro cultural. En 2017 la Unesco decretó que la napolitana es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
P.: ¿Va a seguir escribiendo novelas?
W.R.: Sí, sobre todo por lo que viví escribiendo "Pizzería Vesubio", esa posibilidad de probar y descartar que no se da nunca en un ensayo, en una obra técnica o de divulgación. En la ficción lo más estimulante fue sentirme irresponsable. Uno adquiere una personalidad múltiple. Yo recuperé mis experiencias en el teatro cuando estaba cursando psicología en la Universidad Nacional de San Luis, estudiando a Stanislavski, actuando como Ricardo III, escribiendo una obra de teatro. En "Pizzeria Vesubio" los personajes se ponían a hablar y podían decir las cosas más equivocadas o contradictorias, provocaban enfrentamientos inesperados o acercamientos insospechables Yo le adelanté a mi agente que va a haber al menos otras dos novelas.


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