6 de mayo 2016 - 00:00

Woody Allen y el arte de vivir en una burbuja

Woody Allen habló con The Hollywood Reporter: “Nunca leo los reportajes que me hacen ni las críticas a mis películas. No me interesa en absoluto enterarme cuán genial o cuán estúpido soy”.
Woody Allen habló con The Hollywood Reporter: “Nunca leo los reportajes que me hacen ni las críticas a mis películas. No me interesa en absoluto enterarme cuán genial o cuán estúpido soy”.
"Si te planteas el tema de la muerte, la banca siempre gana", dijo Woody Allen a la publicación especializada The Hollywood Reporter, en un extenso reportaje que le concedió a punto de estrenar "Café Society" en el Festival de Cannes. "La gente suele decirme que vivo en una burbuja, y es así. Me levanto por las mañanas, llevo a las chicas al colegio, luego hago una caminata, luego me encierro y trabajo, almuerzo, vuelvo a trabajar, practico clarinete, me encuentro con amigos o voy a ver un partido de básquetbol. Es una vida burguesa de clase media, pero eso me permitió estar activo a lo largo de toda mi vida", dijo el cineasta, de 80 años, que no dejó de estrenar una película al año ni aun en su período más tumultuoso, el de la pelea judicial con Mia Farrow en dos etapas: la del divorcio la primera, y la segunda, más grave, cuando fue acusado por ella de abuso deshonesto con dos de sus hijos.

"Café Society" es su largometraje número 47, una historia de despertar a la madurez ambientada en los años 30 que lleva como protagonista a un joven (Jesse Eisenberg) que se traslada de Nueva York a Hollywood, donde obtiene un trabajo con un agente de actores (Steve Carell) y se enamora de una bella asistente (Kristen Stewart). "Fue una época de enorme glamour en California y en Nueva York, en cuya vida nocturna se mezclaban personajes de la alta sociedad con políticos y gangsters". Para esta película, Allen reemplazó a Bruce Willis por Steve Carrell, lo que lo obligó a volver a rodar gran parte del material que había hecho en Los Angeles. Lo explicó de esta forma: "A Bruce le salió trabajo en Broadway, 'Misery' en teatro, por lo que tenía que viajar permanentemente de una costa a otra. Era demasiado para él y para mí, de modo que en un momento optamos por llamar a Steve Carell". Y a propósito de California, añadió: "Nunca dije que la odiaba, ése es un mito. Simplemente, no podría vivir allí porque detesto el clima soleado. Me gustan las ciudades como Nueva York, donde puedes salir a la calle y te encuentras en el medio de todo, con librerías, cafés, ruido del tráfico, días grises, nublados, nieve. Además en California sólo se puede vivir si uno maneja. Y yo sé manejar pero no me gusta".

Consultado sobre la mortalidad, uno de los temas recurrentes de su cine, Allen admitió que todavía lo sigue preocupando. "Nunca dejó de preocuparme desde que tenía 5 años. Lo mejor que puedes hacer, la mejor solución, es tratar de quitarlo de tu cabeza, no pensar en eso", señaló. "Tienes que plantearte cosas concretas, por caso ¿podré rodar bien esta escena?, ¿la mejoraré de otra forma? Cosas así, que puedas resolver. En cambio, si te planteas el tema de la muerte, la banca siempre gana".

Después de transitar por algunos tópicos conocidos ("me gusta más mirar béisbol o escuchar música que leer. Nunca fui un gran lector, lo hago sólo porque es necesario"), Allen le responde a The Hollywood Reporter que nunca lee nada de lo que se publica sobre él. "Nunca, jamás. No leo ni los reportajes que me hacen ni las críticas a mis películas. Nunca. Reconozco que hacer eso es inevitable cuando uno está empezando, pero después ya no. Distrae del trabajo. No me interesa en absoluto enterarme cuán genial o cuán estúpido soy. Lo más importante es levantarse a la mañana y encontrar sobre tu mesa de trabajo la parte del guión que vas a filmar ese día, ir al set, juntarte con el equipo, con esas bellas mujeres que trabajan contigo, con la música de Cole Porter que vas a usar. Y hacer la mejor película posible. Después del estreno, ya está. Que escriban lo que quieran".

Sobre el cine, Woody Allen reconoció que ya no ve tantas películas como hacía en el pasado. Inclusive, el microcine que construyó en su casa, donde solía reunir los sábados a algunos amigos para ver películas, está inactivo. "Se filman hoy muy pocas cosas que realmente me interesen. En los años 60, había casi una docena de películas nuevas cada semana que era imposible perderse. Era la época en la que emergía la figura del director de cine norteamericano, como autor. Fue un momento fantástico. Después la industria vio que los tanques de efectos especiales le proporcionaban ganancias rápidas y fabulosas, y francamente nada de eso me interesó nunca. Y tampoco vuelvo a ver mis películas, no tengo esa costumbre".

Previsiblemente, su candidato para las próximas elecciones es Hillary Clinton, de quien se declara un "fan" aunque dice nunca haberla visto personalmente, al revés de Donald Trump. "A Trump lo conozco porque apareció en mi película 'Celebrity'. Era una persona muy correcta, y parecía juicioso y amable. Es decir, no tenía nada que ver con todas las cosas que está diciendo últimamente".

La entrevista finaliza con una revelación desopilante. El periodista le pregunta a Allen si es verdad que en París conoció a Samuel Beckett. "Es cierto", responde. "Yo estaba en el café Les deux magots, y alguien me dijo que Beckett estaba unas mesas más allá, y si quería conocerlo. Encantado, dije. Fui hacia allí y conversamos unos cinco minutos. Era muy simpático, aunque yo nunca fui un fan de su obra. A quien quería conocer era a Jean-Paul Sartre, y estuve preguntando si era posible hacerlo. Un allegado a él me dijo que sí, que el encuentro podía arreglarse por un precio". "¿Es una broma?", se sorprende el entrevistador. "En absoluto, completamente cierto. Y no insistí en el asunto porque me afectó mucho la psiquis".