Cautela. La presidenta de la Fed, Janet Yellen, transmitió prudencia sobre la recuperación de la economía y de los mercados.
Para algunos, Janet Yellen cumplió, hizo los deberes. Sin embargo, otros advierten que tocar la tasa fue el trabajo más fácil, porque aún no se anima a hacer el ajuste clave: tocar el balance del ente monetario. Claro que no es nada sencillo, ya que el éxito de tamaña gesta, de decidir cuándo comenzar y a qué velocidad, dependerá de la salida concreta de la crisis.
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Entre 2008 y 2013, bajo el comando de Ben Bernanke, la Fed usó, sin remordimiento y basada en la experiencia del crac del 29, la hoja de balance al pleno y así arribaron los helicópteros de los programas de compra de activos (QE1, QE2 y QE3) para afrontar lo peor de las crisis. En agosto 2007 el balance de la Fed era de u$s870.000 millones, mientras que ahora supera los u$s4,5 billones. La dimensión de estas inyecciones monetarias es un serio condicionante, que deja poco margen de maniobra al banquero central, a la hora de desarmar estas posiciones. En el seno de la Fed saben que con las tasas hacen una gran apuesta, pero el verdadero Rubicón es cómo desarmar el balance. No sólo cuándo, sino el cómo y la velocidad con que se haga. Los mercados, que vienen de esta nueva "exuberancia irracional" que financió la recuperación y los récords de Wall Street y desplomó los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU., son muy sensibles al ajuste del balance. "Queremos tener confianza en la economía antes de reducir el balance", confesó Yellen. Lo cual es una señal, que apuesta a que la suba de la tasa no impactará en la economía, pero de lo que no está segura es si toca el balance. El tema es tan delicado que Yellen reconoció que durante la reunión se debatieron varias iniciativas sobre cómo ajustar el balance, pero sin ninguna definición, reafirmando sí que el ajuste será gradual y predecible.
Las apuestas ya comenzaron en Wall Street. El abanico de escenarios va desde que la Fed comienza el ajuste a fin de año hasta que lo postergue para comienzos de 2018. Pero antes que nada, la Fed querrá ver las cartas en la mesa: el contenido de las políticas fiscales y económicas de Trump que precisamente explican la exuberancia de las expectativas, y en parte, al apuro por subir la tasa. Pero también mirando cómo reacciona la economía y el mercado a las nuevas tasas.
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