Yeyati: una visita a un nuevo “mundo feliz”

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• EL ECONOMISTA Y NOVELISTA ACABA DE PUBLICAR "EL JUEGO DE LA MANCHA"
A medias entre el policial y la fantasía distópica, su libro imagina una Buenos Aires donde el ocio está diezmando a sus habitantes.

Una Buenos Aires con una mayoría que se ha quedado sin trabajo y sobrevive gracias al seguro de desempleo y no sabe qué hacer con su ocio es el punto de partida de "El juego de la mancha" de E. L. Yeyati (Random House), novela que tiene la intriga de un policial, los sobresaltos de una distopía, y la tensión de una engañosa conspiración que sirve para reprimir a potenciales rebeldes. Eduardo Levy Yeyati es ingeniero, economista, académico y Decano de la Universidad Di Tella. Junto a textos teóricos y ensayos es autor de las novelas "Gallo" y "Culebrón". "El juego de la mancha" es la primera novela que escribió y que ahora se publica, después de haber sido finalista del Premio Sudamericana. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Quiénes son los protagonistas de su obra?

E. L. Yeyati: El Estado y unos pocos que trabajan. Es una sociedad dual. No hay pobreza propiamente dicha sino mucha gente que vive sin nada que hacer, despojada de la rutina que da el trabajo, y con un cheque que les permite sobrevivir. Lo que se plantean los personajes es el shock de no tener nada que hacer. Sienten que la sociedad los eyecta.

P.: Un personaje sostiene que "la utopía del hombre nuevo termino en una distopía del aburrimiento".

E. L. Y.: En alguna de las versiones se veía al trabajo como un yugo y la liberación sería el fin del trabajo. Lo cierto es que cuando se está formateado para trabajar, y le quitan el mapa del trabajo, no se sabe qué hacer con la vida, se queda pedaleando en el vacío. Sobre todo si la sociedad no ofrece nada a cambio. La idea de la distopía es: hacé lo tuyo, ya no me hago cargo de vos, te doy el cheque y seguí tu vida. El no encontrar ningún tipo de motivación genera comportamientos que en la novela los llevo al extremo lisérgico, pero que en el fondo son comportamientos de gente que está rayana en la depresión, en la alucinación.

P.: Hace 25 años Jeremy Rifkin planteó "el fin del trabajo" y el "nacimiento del posmercado". Es el universo al que tratan de acomodarse sus personajes, que son concientes de lo que les ocurre.

E. L. Y.: Es una novela que no tiene un trasfondo económico técnico. Trata en un 80 por ciento de gente que subsiste, y 20 por ciento que vive en otro lado. Incluso geográfica, topológicamente, hay una dualidad. El centro de la ciudad es el lugar que comparten durante el día, y que al anochecer se convierte en tierra de nadie. Da para especular cuál es el mercado en esa sociedad donde no circulan las mercancías, no se consume nada. Rifkin proponía el Ingreso Universal como forma de hacer circular la mercancía. "El juego de la mancha" es el fin del trabajo sin ingreso universal, se otorga un ingreso mínimo que queda estancado en el consumo de los bares. Trata de intelectuales urbanos, gente que teorizó la sociedad, el consumo, las relaciones, y de pronto pasó al otro lado de la pantalla, a ser parte de la película. El personaje central se siente desconcertado. Teoriza sobre eso, pero no tiene ningún instrumento para operar sobre la realidad. No le queda más que involucrarse en la primera puerta que se le abre, o seguir esperando.

P.: ¿La novela señala una dramática proximidad?

E. L. Y.: Es un escenario posible si no se hace nada. Un escenario por default. Como pensador del tema creo que lo que va a pasar es que la sociedad, la política, los movimientos sociales van a operar sobre la realidad y la van a llevar a una expresión más benigna, más utópica. Y si no se hace nada ocurre lo que se ve en la novela, una pesadilla del ocio, el peor de los mundos.

P.: En la novela, que ofrece la intriga de un policial, hay una conspiración que intenta una pequeña rebelión, y un grupo armado para seducir a los rebeldes y reprimirlos.

E. L. Y.: Una organización para que, antes de que aparezca la rebelión, erradicar de raíz la insatisfacción. Es algo ominoso porque no es necesaria esa represión. Y hay listas de sentenciados, y cualquier contacto es contagio, como en el juego de la mancha, si se sabe lo que ocurre se queda marcado, se entra en la lista. Así aparece gente que se suicida, que muere "accidentalmente". Es gente que ha perdido de la noche a la mañana la motivación. Es una sociedad sin hijos, que no reproduce la vida. Hay grupos clandestinos enfrentados. Para algunos la militancia es abstracta, sin plan, aparece como una alternativa de vida. Sin saber adónde se va, por lo menos se busca protestar por dónde se está. Pensé que la vida del tipo que no ha podido sustituir la rutina del trabajo por otra rutina, otro plan, otro guión, termina siendo circular, vuelve a los mismos lugares, da vueltas en círculo. Y eso se da en la relaciones. Un grupo de gente que se conoció hace años y ahora se encuentra en este nuevo escenario, inmersos en una trama que es conspirativista. En "El juego de la mancha" hay una suerte de novela policial orwelliana con relaciones que se entrelazan en una Buenos Aires alternativa, que puede ser y no ser Buenos Aires, al estilo de "El hombre en el castillo" de Philip K. Dick. Traté de representar la idea de que la ciudad y su sociedad reaccionan, más allá de los individuos, ante la agresión que implica dejar a muchos sin trabajo y concentrar la actividad en pocas manos.

P.: En narrativa, ¿en qué está ahora?

E.L.Y.: En un guión que hice para una película, que espero alguna vez filmar, y que estoy utilizando como base para una nueva novela negra.

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