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Yeyati: una visita a un nuevo “mundo feliz”
• EL ECONOMISTA Y NOVELISTA ACABA DE PUBLICAR "EL JUEGO DE LA MANCHA"
A medias entre el policial y la fantasía distópica, su libro imagina una Buenos Aires donde el ocio está diezmando a sus habitantes.
Eduardo Yeyati. “La falta de trabajo y la vida con cheques de desempleo genera la pesadilla del ocio, el peor de los mundos.”
E. L. Y.: Es una novela que no tiene un trasfondo económico técnico. Trata en un 80 por ciento de gente que subsiste, y 20 por ciento que vive en otro lado. Incluso geográfica, topológicamente, hay una dualidad. El centro de la ciudad es el lugar que comparten durante el día, y que al anochecer se convierte en tierra de nadie. Da para especular cuál es el mercado en esa sociedad donde no circulan las mercancías, no se consume nada. Rifkin proponía el Ingreso Universal como forma de hacer circular la mercancía. "El juego de la mancha" es el fin del trabajo sin ingreso universal, se otorga un ingreso mínimo que queda estancado en el consumo de los bares. Trata de intelectuales urbanos, gente que teorizó la sociedad, el consumo, las relaciones, y de pronto pasó al otro lado de la pantalla, a ser parte de la película. El personaje central se siente desconcertado. Teoriza sobre eso, pero no tiene ningún instrumento para operar sobre la realidad. No le queda más que involucrarse en la primera puerta que se le abre, o seguir esperando.
P.: ¿La novela señala una dramática proximidad?
E. L. Y.: Es un escenario posible si no se hace nada. Un escenario por default. Como pensador del tema creo que lo que va a pasar es que la sociedad, la política, los movimientos sociales van a operar sobre la realidad y la van a llevar a una expresión más benigna, más utópica. Y si no se hace nada ocurre lo que se ve en la novela, una pesadilla del ocio, el peor de los mundos.
P.: En la novela, que ofrece la intriga de un policial, hay una conspiración que intenta una pequeña rebelión, y un grupo armado para seducir a los rebeldes y reprimirlos.
E. L. Y.: Una organización para que, antes de que aparezca la rebelión, erradicar de raíz la insatisfacción. Es algo ominoso porque no es necesaria esa represión. Y hay listas de sentenciados, y cualquier contacto es contagio, como en el juego de la mancha, si se sabe lo que ocurre se queda marcado, se entra en la lista. Así aparece gente que se suicida, que muere "accidentalmente". Es gente que ha perdido de la noche a la mañana la motivación. Es una sociedad sin hijos, que no reproduce la vida. Hay grupos clandestinos enfrentados. Para algunos la militancia es abstracta, sin plan, aparece como una alternativa de vida. Sin saber adónde se va, por lo menos se busca protestar por dónde se está. Pensé que la vida del tipo que no ha podido sustituir la rutina del trabajo por otra rutina, otro plan, otro guión, termina siendo circular, vuelve a los mismos lugares, da vueltas en círculo. Y eso se da en la relaciones. Un grupo de gente que se conoció hace años y ahora se encuentra en este nuevo escenario, inmersos en una trama que es conspirativista. En "El juego de la mancha" hay una suerte de novela policial orwelliana con relaciones que se entrelazan en una Buenos Aires alternativa, que puede ser y no ser Buenos Aires, al estilo de "El hombre en el castillo" de Philip K. Dick. Traté de representar la idea de que la ciudad y su sociedad reaccionan, más allá de los individuos, ante la agresión que implica dejar a muchos sin trabajo y concentrar la actividad en pocas manos.
P.: En narrativa, ¿en qué está ahora?
E.L.Y.: En un guión que hice para una película, que espero alguna vez filmar, y que estoy utilizando como base para una nueva novela negra.


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