En momentos en que contempla extender la lucha contra el EI de Irak a Siria, Obama repite que no abandonará la regla anunciada cuando inició los ataques aéreos: ningún estadounidense en tierra para combatir al enemigo. Sin embargo, algunos se interrogan sobre la eficacia de semejante estrategia si la Casa Blanca decide pasar a la ofensiva también en Siria.
"Mucha gente tiene el sentimiento de que la herramienta más potente y más eficaz a disposición del presidente es la acción militar", explica Josh Earnest, portavoz de Obama. "Pero lo que aprendimos de manera dolorosa durante la última década es que una operación militar no ofrece una solución duradera".
El fulgurante avance de los yihadistas en Irak desde comienzos de junio demostró, sin embargo, los límites de la estrategia consistente en apoyarse en los aliados locales: las fuerzas iraquíes, en las que Washington invirtió miles de millones de dólares, se desmoronaron en pocos días.
En Siria la situación es aún más complicada: los rebeldes moderados se debilitaron y el único aliado potencial de peso en la lucha contra el EI es Bashar al Asad, una hipótesis rechazada de plano por Washington.
La idea de una ofensiva más vasta contra los yihadistas empieza a abrirse paso. Según el general Martin Dempsey, el militar estadounidense de mayor rango, pueden ser "derrotados", con la condición de perseguirlos también en Siria.
Algunos analistas estiman que para derrotar a un grupo que "no tiene lugar en el siglo XXI", según palabras de Obama, EE.UU. podría verse obligado a flexibilizar su posición respecto de Damasco.
"El Gobierno de Al Asad tal vez sea terrible, pero es un mal menor en comparación con el EI", escribió en el Financial Times Richard Haass, presidente del Council on Foreign Relations.
| Agencia AFP |


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