9 de marzo 2010 - 00:00

Yturralde: síntesis entre ciencia y arte

La larga trayectoria del artista español José María Yturralde se ha caracterizado por la búsqueda de síntesis entre arte pictórico y estructuras matemáticas complejas.
La larga trayectoria del artista español José María Yturralde se ha caracterizado por la búsqueda de síntesis entre arte pictórico y estructuras matemáticas complejas.
En la Sala de Exposiciones de la Universidad Politécnica de Valencia se presenta la mayor parte de la obra gráfica de José María Yturralde, que incluye varias de sus Figuras imposibles.

La larga trayectoria de Yturralde (Cuenca, 1942), que se ha caracterizado por la búsqueda de síntesis entre arte pictórico y estructuras matemáticas complejas, remite al grupo Antes del Arte.

Formado en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, en 1960, Yturralde realizó un viaje de estudios por Alemania, Francia y Suiza. Experimentó con abstracción geométrica y, luego de participó en el mencionado grupo teorizado por Vicente Aguilera Cerni, que salió a escena en 1968, con dos exposiciones, una en Valencia, en la primavera, y otra en Madrid, en el otoño. Junto a Yturralde se contaron Joaquín Michavila, Eusebio Sempere, Francisco Sobrino, Ramón Soto, Soledad Sevilla, Jorge Teixidor y otros.

Aquellos jóvenes creadores abordaban la pregunta ¿es arte lo que se considera arte en nuestro tiempo? «Fundamentalmente -escribía Aguilera Cerni-, queremos llamar la atención hacia la conocida y dramática escisión existente entre el estado actual de las ciencias y la información básica utilizada por los distintos medios y tendencias del arte».

Se trataba, así, no sólo de restablecer las relaciones entre arte y ciencia, sino de ganar para aquél los avances tecnológicos que bastardeaba la civilización de consumo y la masificación urbana. Antes del Arte era la propuesta de experimentar para llegar a un nuevo arte.

Fue Hegel, en sus lecciones de estética, quien acuñó la teoría acerca de la existencia, en toda la historia humana, de un «antes» y un «después» del arte; y sostuvo que, con el Romanticismo, vivía Europa la etapa del «después», según él, significaba el cierre o desaparición del arte mismo. Podría enfocarse la obra de Yturralde entre estas divisiones hegelianas, y decir que tras las experiencias de Antes del Arte, ha llegado, afirmando su autonomía y su manera creadora, a la fase del «después». Esta fase, sin embargo, no implicó cierre ni desaparición, sino apertura y consolidación de nuevas fases, de sucesivos «después».

Si recordamos que Platón definió a las ideas, en alguno de sus escritos, como hipótesis matemáticas, advertimos por qué Yturralde acudió a la geometría, cuyas figuras eran para los pitagóricos la esencia de la realidad. Así, en la línea neoplatónica renacentista, Yturralde retomó la tradición que entiende al arte ligado a la aritmética y la geometría. Ha dicho que la geometría fue, durante siglos, el puente entre el arte, la ciencia y la tecnología. Al volcarse a la geometría, no sólo trató de restablecer ese puente sino además buscó un medio de expresión que, en su naturaleza abstracta, fuera tan certero como infinito: no hay una línea igual a otra, no hay un cuadrado igual a otro.

La obra de Yturralde, influida por artistas como Josef Albers, M.C. Escher, Víctor Vasarely y el matemático inglés Sir Roger Penrose, se planteó inicialmente entre las propuestas del arte cinético. Su serie de los Preludios, se constituyó sin duda en la más acabada formalización de lo que tiene la geometría de virtual y de real, de preciso y de ambiguo, de absoluto y de relativo. Estas tentativas alentaban ya en sus Figuras imposibles, serie para la que estudió el acervo de ilustraciones anatómicas, desde el Renacimiento hasta el siglo XX, existente en la Biblioteca Histórico-Médica de la Universidad de Valencia.

En sus Estructuras volantes exploró la multidimensionalidad, el anverso y el reverso de la cultura geométrica, la vibración de sus elementos esenciales, las interminables variaciones y posibilidades contenidas en la línea y el volumen.

En verdad, para Yturralde la geometría se convirtió en tiempo representado en el espacio, tanto en las dos dimensiones de la pintura como en las tres de la escultura. No habría, en última instancia, ni dos ni tres dimensiones sino una sola, que comprendería todas las dimensiones aparentes y concretas.

A mediados de los sesenta, comenzó a incorporar objetos al cuadro y a trabajar en monocromía con materiales sintéticos.

En 1975 se trasladó a Massachusetts, donde se dedicó a la investigación y al ejercicio de la docencia en el Center for Advanced Visual Studies del MIT. Esta experiencia fue definitiva e impulsó su interés por la conjunción ciencia y arte. Sus propuestas trascendieron lo estrictamente pictórico, con formas tridimensionales. En 1979 participó en la primera muestra pública de holografía en el Ateneo de Valencia, donde presentó un holograma en torno a la idea del Universo de Kepler.

A la vez que fue profundizando su propuesta cinética con las Estructuras volantes, en las últimas décadas, Yturralde retomó el plano en obras caracterizadas por la interrelación de los colores. Participó como miembro activo de la International Colour Association. Coincidió con los movimientos minimalistas o reduccionistas en su intención de entender el arte como una búsqueda y como un campo abierto a todo tipo de exploraciones que conjuguen concepto y sensibilidad.

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