4 de octubre 2010 - 00:00

Zubin Mehta, entre lo mejor del año musical

Al frente de la Filarmónica de Berlín y con la estupenda violinista Mayuko Kamio como solista, Zubin Mehta culminó en el Colón un inolvidable festín musical que también disfrutó una multitud en el Obelisco.
Al frente de la Filarmónica de Berlín y con la estupenda violinista Mayuko Kamio como solista, Zubin Mehta culminó en el Colón un inolvidable festín musical que también disfrutó una multitud en el Obelisco.
En menos de 30 horas, el ya legendario director de orquesta hindú Zubin Mehta y la Filarmónica de Munich brindaron en Buenos Aires tres conciertos electrizantes. El primero tuvo lugar el viernes por la noche en el Colón, para el Abono Bicentenario; el segundo el sábado al mediodía en la avenida 9 de Julio, para una multitud; el tercero, que se comenta aquí, fue nuevamente en el Teatro Colón para la asociación Nuova Harmonia, y fue un digno final para este breve pero intenso «tour-de-force» sinfónico.

Ante una sala repleta y entusiasta, Mehta y sus músicos ofrecieron un programa ecléctico, al que la excelencia en la interpretación de cada obra le dio una cohesión impensada. Desde el comienzo, con la obertura de la ópera «La forza del destino», de Verdi, el ensamble exhibió un sonido voluptuoso (sin que este adjetivo implique desborde), energía y una perfecta integración de todas las secciones. La obra que le siguió, la «Passacaglia» opus 1 de Anton Webern, que plantea enormes dificultades tanto al director como a la orquesta (y cabe señalar en este punto que Mehta dirigió de memoria todo el programa), fue vertida con intensidad y precisión.

Para muchos el punto más alto de la noche lo constituyó la actuación de la japonesa Mayuko Kamio, de 24 años, como solista en uno de los favoritos (tanto para intérpretes como audiencias) de la literatura violinística: el «Concierto en sol menor» opus 26 de Max Bruch, dedicado al extraordinario Joseph Joachim. Y no es un dato menor el que consta en el programa de mano: el instrumento utilizado por Kamio es el Stradivarius de 1727 que perteneció a Joachim. La violinista posee una técnica fenomenal, una afinación infalible, un sonido cautivante, pero sobre todo musicalidad y capacidad de dar vida propia a cada nota. Estas virtudes quedaron demostradas tanto en Bruch como en el bis que Kamio ofreció: el «Capricho N° 21» de Paganini.

En la «Sinfonía N° 4 en fa menor» opus 36 de Tchaikovsky, Mehta y su orquesta mostraron un inmejorable entendimiento mutuo. Impresionó, por ejemplo, cómo en el extenso pizzicato inicial del «Scherzo» las cuerdas respondieron con un acentuado rango dinámico a la gestualidad mínima (y precisa) de Mehta, lo cual da cuenta del trabajo minucioso de preparación y el talento que posee el director de comunicar sus ideas. La ovación final fue recompensada por dos bises que el público festejó: el vals «Sangre vienesa» y la polka «Bajo truenos y relámpagos», ambos de Johann Strauss hijo. Así, con la impronta ligera, alegre y magistral del «rey del vals», la Filarmónica de Munich coronó una visita que quedará en la memoria como uno de los acontecimientos de la temporada musical de Buenos Aires.

Orquesta Filarmónica de Munich. Solista: Mayuko Kamio, violín. Dirección: Zubin Metha. Obras de Verdi, Webern, Bruch y Tchaikovsky. Nuova Harmonia (séptima función). (Teatro Colón, 2 de octubre).

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