Agrada una "ducha" de viejos valores

Espectáculos

Primer cuento: bajo el calor del verano, un joven ejecutivo entra en una suerte de baño público individual, instalado a un borde de la plaza, y allí, efectivamente, se pega una ducha. Como se advierte, un invento ideal para ciertos días en la city, pero, en el fondo, bastante cercano a aquella máquina de comer mientras se trabaja, que Carlitos Chaplin debía probar en «Tiempos modernos».

Otro cuento, menos humorístico: un pueblo del desierto ruega por lluvia, y un hombre viaja a un pueblo lejano, donde va vendiendo arroz casa por casa, a cambio de agua para que su hija pueda tomar su baño ritual antes de casarse.

Y otro: una vieja atraviesa ese mismo desierto con su nieta, camino al lago donde debe bañarse ritualmente cada doce años. Acaso sea la última vez, murmura...

Estas tres pequeñas piezas narrativas «airean» una mínima historia central, que transcurre casi enteramente en un viejo baño público pekinés, de esos que probablemente ya no existan ni en Pekín, donde la gente va a descansar, jugar al go, apostar por peleas de grillos, o escapar de la esposa que está esperando en la puerta. Es decir (como fácilmente puede deducirse), se trata de una comedia amable, de humor casi siempre inocente, con ocasionales momentos de reflexión o de ternura dramático, y con personajes deliciosamente queribles, empezando por el anciano due-ño del lugar y su alegre hijo, un retardado con salidas inesperadamente inteligentes, y siguiendo por toda la clientela, y un hijo más serio que viene a ver cómo están todos y se va quedando.

Película deliberadamente menor,
«La ducha» (tal como aquí la bautizaron) se disfruta casi a todo lo largo, y hasta deja pensando, ya que, como de paso, nos deja ciertas nostalgias de los viejos valores familiares y barriales. Un ejemplo: los matones que entran buscando a un cliente, pero se muestran muy respetuosos del dueño del local. Y hasta tiene un mérito por omisión: jamás pretende alcanzar los niveles poéticos de un Jacques Tati, por citar un maestro en este tipo de pinturas cariñosas, y eso, en estos tiempos, bien vale considerarse como un mérito. Hay tantos pretenciosos sueltos...

Dejá tu comentario