El humor guarango viene en dosis similares a las de la de la primera película, sólo que esta vez no parecen haber sabido cuándo cortar las sorpresivas lluvias doradas que reemplazan un baño en champagne, ni las angustias del joven onanista que se untó la mano con pegamento antes de hacer lo suyo.
Otro punto flojo es la insistencia de madurar la juerga veraniega de los mismos amigos del film anterior (toda la trama es su reencuentro luego de un año en la universidad) agregándole algunos toques sensibleros más aptos para una telenovela adolescente que para este producto.
Lo mejor es la gracia de los actores, empezando por la inigualable flautista erótica
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