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1 de noviembre 2005 - 00:00

Aranovich: lo natural versus los artificios

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Esculturas de Claudia Aranovichque pueden verse en la muestra de a premiada artista que exhibe la Universidad de Lanús hasta el 15de noviembre.

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Aranovich nació en Buenos Aires en 1956, integró la nueva generación de artistas de la década del '80, y se destacó por sus esculturas e instalaciones. En esos años, el neoconceptualismo reelaboró muchas propuestas del arte como idea: las obras-pensamiento, las investigaciones lingüísticas, la apropiación de los medios masivos, la cultura popular, los significados políticos, las distintas propuestas de la representación y las interpretaciones ideológicas del hecho artístico.

Los símbolos abundan en las esculturas de Aranovich: la resina -poliéster con fibra de vidrio-, representa lo artificial, lo inamovible; el cono es imagen de la evolución de la materia; lo cóncavo remite al nacer, a la vida. La vida como perduración de lo natural. En su serie «Caparazones», formalmente parecidos a las coberturas de tortugas gigantes, incluye fotografías transparentes fundidas en el poliéster. La luz atraviesa e ilumina las transparencias en las figuras recostadas de los «Conos de la Sabiduría». En uno de ellos, se puede rescatar en el poliéster raíces, vegetales y fotos de sus antepasados. Plantea así un juego simbólico acerca de los estratos de la memoria y las tramas urdidas por nuestros recuerdos.

En ella, el mar representado con las olas de la resina, son una metáfora de la memoria humana, tejida con añoranzas y pesadillas. En la memoria, aparece el hombre como entidad espiritual (en términos del filósofo Henri Bergson), y en ese mar echa sus raíces que descienden del ayer familiar y cultural.
Entonces, la montaña-el cono invertido-deviene en mar, la tierra deriva en agua: son los dos elementos constitutivos del ser humano en la tradición bíblica, pero también en las del antiguo Egipto y los pueblos de la Mesopotamia.

Entre sus trabajos más recientes, «De la patria mía», está realizada con cristales, bronce, cobre y hierro. Utiliza parabrisas de autos rotos aglutinados con resina; con ellos propone metaforizar su imagen del país, resquebrajada, fragmentada. También incorpora vidrios de parabrisas en «Enraizamiento», un trabajo último vinculado con su rescate de la memoria individual y colectiva. El empleo de plantas marca su interés por las relaciones entre la naturaleza y el ser humano. Recobra los elementos naturales que va descubriendo a partir de una arqueología personal, como lo realizado en «Memoria de la Naturaleza», dos caparazones de poliéster con plantas en su interior, representaciones de los recuerdos y del orden natural. Las raíces son reales y tienen mezcladas fotos antiguas.

En una obra de poliéster ovoidal, es claro cómo la madera (lo natural) irrumpe, se abre paso y trata de salir del poliéster (lo artificial). En «Cono del Corazón», las fotos transparentes no son sólo una representación biológica sino también una materialización romántica del corazón. En «Arqueología del tiempo», Pablo Baler escribió para la revista « Sculpture de Washington» «... ha trascendido los encasillamientos: resinas transparentes semejando formas orgánicas, paisajes de letras hebreas, conos de cemento, romboides de acero, y plantas carnívoras. Explorar este mundo nos lleva a descifrar -desenterrando capa por capa- nuevos signos y escrituras. Su casi promiscua relación con formas y texturas y su poética percepción han producido un inusual contexto donde estamos obligados a encontrar, en las grietas de la materia, los secretos ocultos de la naturaleza».
Gracias al apoyo del ingeniero Bialobroda del Instituto Internacional del Cobre, realizó «Trompos» dos conos unidos por su base, en los que muestra la antinomia del adentro y el afuera. El cobre es el contenedor (lo natural) y el poliéster que va de adentro hacia fuera (lo artificial).

El año pasado, Aranovich estuvo becada durante un mes por la Fundación Valparaíso, en Mojácar, España. Allí participó en La Noche de San Juan, una actividad parecida a las fallas valencianas. La fundación es un estudio abierto donde invitan a escritores y artistas reconocidos. Aranovich realizó una performance para la que fundió en yeso máscaras (que luego hizo en poliéster) de los artistas y escritores invitados como ella. En la Noche de San Juan, el 23 de junio, todos ellos actuaron en una ronda junto a sus máscaras.

En la Djerassi Foundation, cerca de San Francisco (USA), fue invitada a presentar una instalación permanente en Woodside, el parque de esculturas de esa institución, junto a destacados artistas, como David Nash y Mauro Staccioli. Para espacios públicos, Aranovich ganó el Primer Premio para el Monumento a la Humanidad, en Resistencia, Chaco; y en los Grounds for Sculptures, en Hamilton, Nueva Jersey, presentó «Ruptura». Sobre esta obra geométrica en hierro y fibra de vidrio, la crítica Janet Purcell escribió en «The Times», «... la resina emerge forzando su camino para salir de la parte metálica, con tanta fuerza y persistencia que produce estallidos en el cuerpo de la pieza».

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