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9 de junio 2008 - 00:00

Argentinos lograron récords, aún modestos, en Nueva York

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Detalle de la obra del argentino Antonio Seguí, que se vendió en 97.000 dólares, una suma mucho más baja que que obtuvo su contemporáneo mexicano Claudio Bravo: u$s 1.300.000.
Cerca de 500 pinturas, culturas y fotografías se vendieron durante dos dias en las dos principales casas de remates, Christie's y Sotheby's, en Nueva York, recaudando 62 millones de dólares (el doble de lo habitual). Esto da un promedio de 120.000 dólares, por obra, frente a los 2.400 dólares que es el promedio de venta en Buenos Aires; es decir, 50 veces menos.

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Estas ventas, que han sido las más importantes de arte argentino en los 25 años que tienen estas subastas, nos demuestran que el precio de nuestro arte es tan sólo uno por ciento de los precios del mercado internacional, y solamente diez por ciento de lo que se cotiza el arte mexicano, ratificando nuestra opinión que el arte argentino está subvaluado.

De acuerdo a los precios logrados, recordemos que es Rufino Tamayo, quien nos visitara en 1978 en Buenos Aires, el artista más cotizado de América Latina: además de la obra récord vendida en 7,2 millones de dólares, se subastó otra en 3,6 millones, El genial uruguayo Joaquín Torres García conquistó un nuevo récord, que superó en 70% su mayor precio, al venderse una de sus características obras constructivas en 1.700.000 dólares. Curiosamente, sus obras figurativas se pagan 20 veces menos que aquellas que son emblemáticas del autor.

Emilio Pettoruti logró el mayor precio en su historia de subastas, al pagarse 621.000 dólares su «Señorita con sombrero verde», realizada en Milán en 1919, y de discretas medidas (56x46 cm). Su mayor precio en EE.UU. había sido de 500.000 dólares por un fabuloso Arlequín que hoy valdría el triple, como mínimo; en Buenos Aires fueron los 318.000 dólares que hace una década se pagaron por «La canción del pueblo», que se puede disfrutar en el MALBA. Quien compró en 301.000 dólares el «Sol de Mañana» hace un mes, en remate de Martín Saráchaga, debe estar muy contento ya que la obra vale bastante más, sin duda.

Claudio Bravo, el estupendo realista nacido en Chile y que vive en Tanger hace tres décadas, se hizo famoso en España con sus paquetes pintados. Ahora retornó a la temática que le diera tanto éxito, y una de esas obras se pagó 1.300.000 dólares, una cotización que es la mitad de la que tiene el español Antonio López García, pero que es doce veces más de la que tiene el argentino Juan Lascano, nuestro realista más cotizado.

Finalmente, Benito Quinquela Martín logró un precio acorde a su calidad, como ya habíamos anticipado en esta columna. Los 421.000 dólares que se pagaron por su obra de 1925 multiplicaron por cinco su estimación, lo que marcará una suba muy importante en toda su cotización. Hace unos años, un galerista compró una obra similar en 250.000 dólares y, con buen criterio, pide por ella un millón de dólares. No dudamos de que en unos años habrá comprador para ella en esa suma.

Otra gran figura de los Latin American Auctions es el cubano Wilfredo Lam, que recibiera buena influencia del arte africano; por una pequeña obra de 50x40 cm se pagaron 200.000 dólares. El también chileno Roberto Matta logró un gran precio por un dibujo mediano de su período en Nueva York (el más cotizado) al pagarse 300.000 dólares. Las obras de la década del sesenta también adquieren dichos valores, pero en un mayor tamaño.

El arte cinético está de parabienes: el movimiento difundido por la galería Denise René, de Paris, supera sus precios día a día. El venezolano Cruz Diez, que vive cerca de la Tour Eiffel, alcanzó 170.000 dólares por una obra de 60x60 cm. Curiosamente. en una exposición suya de marzo, en Madrid, las obras tenían precios más bajos. La misma cotización tiene la obra del mendocino Julio Le Parc, que hace más de cuatro décadas vive también en Paris. Se superaron todos sus precios al venderse en 313.000 dólares (multiplicando por diez la estimación de la casa de subastas) una composición en madera pintada de 90x90 cm. realizada en 1960,

Poco y flojo arte brasileño se ofreció esta vez. Un Cavalcanti y poco más, se vendió en regulares precios, pero en las leilaos de San Pablo, todos los días se superan los récords ante la fortaleza del real y la pujanza de nuestros vecinos.

El pequeño De la Vega, que se vendió en 52.000 dólares, superó cinco veces el precio que había logrado en 2001 en Buenos Aires. Del uruguayo Gurvich, de quien había estupendas obras en arteBA, no se lograron grandes valores. Ocurre lo mismo que con su colega Torres García: son únicamente las obras constructivas las que logran grandes precios.

Muy buenas ventas se están realizando en el último año del platense Luis Tomasello, sus construcciones de los sesenta se están pagando un promedio de 70.000 dólares, 30% de lo que se pagan las similares y contemporáneas de Le Parc. No se pagó bien el Guillermo Kuitca, cuyas obras superan generalmente los 100.000 dólares.

Consideramos que la cotización de Antonio Seguí deberá aumentar. Por una característica obra de 200x200 cm. se pagaron 97.000 dólares y, aunque las comparaciones son odiosas, es ocho veces más económico que su contemporáneo Claudio Bravo. Buen récord logró el joven sanjuanino Mario Pérez. quien vio superada su cotizaciónde hace tan sólo una semanaen 50%, al venderse en 27.400 dólares una obra de 100x80 cm. superando la cotización del buen pintor uruguayo Ignacio Iturria, que lo triplicaba en valores históricamente.

Sin duda que las buenas ventas de casi 40 obras de arte nacional, en casi todos los casos en precios récords, es una gran noticia, pero también debemos recordar que por más que sean récords, son precios ínfimos para el valor del arte internacional y latinoamericano. Si comparamos tres artistas que están activos, vemos que por un Lucien Freud se pagan 33 millones de dólares, por un Claudio Bravo, 1.300.000, y por un Seguí, sólo 97.000. No sólo estamos lejos del mundanal ruido sino también tenemos precios de un ya cuarto mundo.

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