Atractiva versión de un musical ochentista

Espectáculos

«Rent» de J. Larson. Int.: G. Tripel, F. Otero, A. Bagg y elenco. Puesta en esc.: V. Ambrosio. Dir. Mus.: G. Goldman. Coreog.: G. Carrizo. Esc.: F. Lozano y A. Repetto. Ilum.: S. Pujía. (C.C. Konex.)

De los ocho personajes que protagonizan esta historia, cuatro están enfermos de sida, el mal del siglo XX que arrasó con un estilo de vida y que puso en jaque al amor libre y la vida « bohemia». Estrenado en 1996, «Rent» fue un hito del musical de Broadway, más que nada por su fuerte carga testimonial. Fue una de las primeras obras en incluir entre sus personajes a gays, lesbianas y drag queens y en rescatar la universalidad de sus conflictos sentimentales sin marcar diferencias entre héteros y homosexuales.

«Rent» está basada en la ópera «La Bohème» de Giacomo Puccini -en donde la plaga era la tuberculosis-, pero su acción se inicia en la Navidad 1989 y hace referencia a un entorno cien por ciento neoyorquino, que en este caso es sinónimo de gran urbe ya que las referencias localistas no llegan a ser un obstáculo.

Debido a su espíritu contestatario para la época, la obra fue definida por los especialistas del género como el «Hair de los 90'», y pese al tiempo transcurrido, es muy probable que los jóvenes de hoy se sientan identificados con este grupo de artistas que disfrutan de la amistad más que de las relaciones familiares y que luchan por no perder sus ideales ni sus aspiraciones artísticas frente a los modelos de éxito que quiere imponerles la sociedad.

La versión argentina cuenta con un elenco muy talentoso que hace todo lo posible para que el público vibre con su energía. Andrés Bagg logra una acertada composición; las características del personaje de Germán Tripel hacen que no tenga el mismo atractivo que otras figuras de rasgos más fuertes como el de Angel Hernández que le aporta un gran encanto a esta drag queen, aunque el vestuario no lo favorezca. También se destacan Florencia Otero (la bailarina adicta a la heroína y en trágicos amores); Laura Conforte, como la performer de espectáculos de protesta, y la abogada de Déborah Turza. Estas dos últimas dan vida a una graciosa pareja de lesbianas con muchos problemas de convivencia.

Mención aparte merece la interpretación de Pablo Sultani (el inolvidable nazi de «Los productores»), aquí en el rol de Collins, profesor de filosofía y pareja de Angel. El actor logra una extraordinaria continuidad entre el canto y la actuación y esto hace que gane un merecido protagonismo.

La puesta de Valeria Ambrosio incluye varios números coreográficos de gran dinamismo que en cierta forma compensan la falta de emoción de algunas escenas clave, como aquellas en las que mueren dos de sus protagonistas. Tienen mucha fuerza los cuadros grupales («La vie bohème», «Ciclos de amor» y el idílico trío de «Santa Fe».

El espectáculo ganaría en eficacia dramática si se efectuasen algunos cortes como para agilizar la acción, sobre todo en la primera parte. De todos modos, se trata de un producto de calidad, tanto a nivel interpretativo como en la mayor parte de sus rubros técnicos, especialmente la escenografía y el diseño de luces.

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