Atrae, pero sin aportar al mito de Eva

Espectáculos

«Las 20 y 25... Los mucamos de Evita» de P. Suárez. Dir.: H. Tritek. Int.: M. Comesaña, G. Bonafina, M. Bestelli, L. Bonanno. Esc., Vest. y Dis. de luces: E. Zanetti. Dis. de sonido: G. Morales. (Teatro «Payró».)

Eva Perón agoniza en el Palacio Alzaga Unzué y sus criados siguen los acontecimientos con angustia y recelo, pasando de la negación absoluta a la fantasía más delirante, del temor al desempleo a la enorme codicia que les despierta la posible herencia de «la señora».

Pero la admiración que sienten por ella -o el clima de anticipado duelo que reina en el lugar- no logran detener los escarceos eróticos del mucamo Pedro con Márgara y Cayetana, las dos mucamitas de la casa. Sólo Berta, el ama de llaves, logra imponer cierto orden con su disciplina rígida y sus raptos de misticismo, por más que beba a escondidas.

Esta nueva pieza de
Patricia Suárez («Rudolf», «El tapadito») recrea con sencillez -y cierto candor- un material muy proclive a la fabulación. Sin embargo, «Las 20 y 25...» no desarrolla ningún conflicto de peso que trascienda el episodio histórico o que le dé otra vuelta de tuerca a la mítica figura de Eva. La jerga de época suena muy simpática, pero forma parte de un texto que no alcanza un nivel metafórico.

La obra cuenta con dos antecedentes insoslayables:
«Babilonia, una hora entre criados» de Armando Discépolo y «Las criadas» de Jean Genet. En ambos casos los personajes protagónicos pertenecen al servicio doméstico y sostienen un duro enfrentamiento con sus patrones. En cambio, en la pieza de Suárez la mirada de los criados está imbuida de respeto y admiración y sólo se ve perturbada por una cuestión de supervivencia.

Solamente
Cayetana (gran lucimiento de la actriz y cantante Gipsy Bonafina) juega un interesante contrapunto amor-odio con la figura de su patrona. La mujer es del mismo pueblo que Eva y envidia su posición. Y ahora que ésta agoniza, aprovecha para ponerse sus vestidos y oficiarle de doble, un gesto que remite directamente a Clara y Solange, las perturbadas criadas de Genet.

La directora
Helena Tritek le imprimió a la obra un ritmo de comedia que la favorece. Logró que un texto de modesta fabulación se transformara en un espectáculo agradable, risueño y con muy buenas interpretaciones.La atractiva ambientaciónde Eugenio Zanetti (prestigioso escenógrafo y director de arte de fama internacional) realza el clima de revival que prevalece en la puesta.

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