20 de mayo 2004 - 00:00

Atrapante vida de un aventurero

Miguel Arcángel Roscigno, una vida increíble retratada con talento por Virginia Martínez.
Miguel Arcángel Roscigno, una vida increíble retratada con talento por Virginia Martínez.
Si el lector pasa por el Edificio Barolo sabrá apreciar un viejo ascensor con puertas de hierro forjado. Ese trabajo, y la demás herrería artística del lugar, es obra de un obrero anarquista. Que fue además el cerebro de asaltos y fugas memorables, el rey del disfraz, que paseaba con hija y sobrinas bajo las narices de la policía, y que (culpa de un chorro alcahuete empleado en la perrera) terminó sus días como un preso ejemplar: Miguel Arcángel Roscigno.

Por cierto, el hombre que llegó a hacerseguardiacárcel para sacar a Simón Radowitzki de Ushuaia (y lo denunciaron los comunistas), que sacó a siete anarcos de Punta Carretas por un túnel tan bien hecho que duró más de cuarenta años, que trabajó con Severino Di Giovanni y Buenaventura Durruti (quien venía de matar al cardenal de Zaragoza), que acompañó en las buenas y las malas a los hermanos Moretti (uno de los cuales, cercado por la policía, prefirió quemar la plata y matarse), se merecía una película. Virginia Martínez la hace, y es atrapante.

En su tarea, le bastan una betacam, cinco historiadores y tres testigos captados sólo en lo que hace avanzar a la historia, sin divagues ni reflexiones, y un vasto material de fotos y noticieros provenientes de archivos argentinos, uruguayos, y catalanes. Impagable, por ejemplo, el aviso de «La casa de los novios», ofreciendo un dormitorio chippendale a quien proporcione datos sobre los asaltantes de una vecina casa de cambio. Todo está muy bien contado, y hasta tiene su inteligente equilibrio. Un ejemplo: tras el testimonio de un obrero torturado por el famoso comisario oriental Luis Pardeiro, va el informe del atentado que le causó la muerte, y acto seguido el recuerdo de su hijo, evocando la angustia de aquel momento. Sin esa escena del hijo, o poniendo recién después lo del torturado, el peso sería muy distinto.

A su vez, los historiadores coinciden en cuestionar el anarcoterrorismo («eso lleva al caudillismo, a la militarización»), y elogian preferentemente el espíritu pacífico y la vida cultural de los anarcosindicalistas («tan pronto organizaban una huelga como una campaña contra el alcoholismo»). Pero el personaje sigue fascinando. Por algo en su momento el propio Natalio Botana, director de «Crítica», calificó su muerte como una verdadera pérdida.

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