El «Bolero» de Ravel, según coreografía de José Zartman (con una poesía inicial innecesaria),
cierra el segundo buen programa 2007 del Ballet Estable del Colón.
Ballet Estable del Teatro Colón. Dir. art.: R. Candal. (Teatro Alvear).
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El Ballet Estable del Colón presentó en el Presidente Alvear el segundo programa de esta temporada. Con la intención de volver una vez más a la danza clásica en su estado más puro, su director artístico Raúl Candal eligió creaciones que presentan riesgosas pruebas técnicas y sirven para poner en vigencia las exigencias y el nivel estético del estilo académico.
La primera obra fue un «Pas d'action» del primer acto de «La Bayadera», que el Colón conoció en su versión integral. En esta coreografía de Marius Petipa (revisada por Candal) se lucieron Maricel De Mitri y Alejandro Parente junto a un disciplinado conjunto que recreó con un gran refinamiento las simetrías y los equilibrios que imaginó Petipa. Luego de esta apertura, visualmente atractiva gracias a un vestuario de inmejorable efecto, se pasó a una serie de cuatro «pas de deux». entre ellos, el lírico dúo de «Espartaco» de Candal, quien seguramente se basó en los trazados de coreógrafos rusos como Grigorovich y Jacobson. Silvina Perillo y Leandro Tolosa fueron impecables recreadores de este bello pas de deux con música de Khachaturian.
Con «La Bella Durmiente del Bosque» (Grand Pas de Deux del acto III) y «Pas d esclaves» del acto I de «El Corsario-», se volvió a la magia de Petipa. Gabriela Alberti y Federico Fernández en el primero y Karina Olmedo junto a Vagran Ambartsumian en el segundo brillaron en la altura casi deportiva de sus encarnaciones. Una vez más se vio «Las llamas de París» con la interpretación electrizante de Carla Vincelli y Leonardo Reale. El programa se cerró con la versión de «Bolero» de Ravel creada por el bailarín José Zartmann para el Taller Coreográfico del Colón, que pasó a integrar el repertorio del Ballet. Pieza de gran impacto en la utilización espacial y en el dibujo coreográfico con reminiscencias flamencas, la obra atrae por la belleza plástica de luces, vestuario rojo y negro y movimientos. La poesía dicha al inicio fue, en cambio, totalmente innecesaria. Ambartsumian y Graciela Berttoti junto a un grupo de bailarines de la compañía bailaron intachablemente, con pasión y rigor, lo trazado por Zartmann.
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