7 de diciembre 2000 - 00:00

"BATALLA FINAL: TIERRA"

Salvo que a usted le atraiga particularmente la idea de ver a John Travolta disfrazado de Grinch y haciendo de malo, o de contemplar cómo un terrícola inocente se come una rata viva, «Batalla final» carece de otros atractivos que puedan justificar su traslado al cine.
La película es una de las más desagradables y aburridas fantasías de ciencia ficción futurista del cine norteamericano, incluyendo en esa lista las múltiples producciones clase Z de los años '50 de guerras intergalácticas y platos voladores, que hasta tienen desde hace tiempo un culto propio. Es difícil que ésta lo llegue a tener alguna vez.
En todo caso, el único culto que tiene esta película, y que le dio una modesta fama extracinematográfica, obedece a que el autor de la novela en la que se basa, L. Ron Hubbard, es el fundador de la Cientología (o Dianética), una fe que cosechó la mayor parte de sus adeptos en Hollywood, entre los cuales el más conspicuo es justamente Travolta, impulsor de este proyecto desde hace más de 15 años. Desafortunadamente lo logró, y no sólo eso sino que hasta promete una segunda parte.
Sin embargo, en «Batalla final» no existen mensajes de ningún tipo al menos en evidencia: escapa al horizonte de esta reseña la detección de subliminalidades. Sólo hay una mediocre intriga de enfrentamiento entre los terrícolas y los amos del futuro, los Psychlos, ligeramente inspirada en la estupenda saga de «El planeta de los simios». Aunque ni comparación desde luego: aquí hay actuación rutinaria y a veces ridícula, dirección pesada y mortecina, y todo revestido por una fotografía oscura y desagradable. Los efectos especiales y la banda de sonido están a la altura del resto.

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