8 de octubre 2007 - 00:00

Bellas Artes exhibe cotizada pintura española del siglo XIX

Una de las magníficas obras de la colección de pintura española del siglo XIX que alberga el Museo de Bellas Artes, a la espera de que España done la ampliación que habilitará una sala para que se la exhiba en forma permanente
Una de las magníficas obras de la colección de pintura española del siglo XIX que alberga el Museo de Bellas Artes, a la espera de que España done la ampliación que habilitará una sala para que se la exhiba en forma permanente
Una de las cinco mejores colecciones de pintura española del siglo XIX está en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires. Ahora se puede visitar una estupenda exposición con algunas de las obras que la integran.

El nuevo director, Guillermo Alonso, podrá conversar con las empresas españolas del país y con la Embajada de España para que donen una ampliación del Museo, que costará aproximadamente 2 millones de euros, para que esté en forma permanente esta colección, que sería un orgullo para el Casón del Buen Retiro de Madrid o bien para museos de Barcelona o Valencia.

España y sus empresas sin duda nos regalarán para el Bicentenario esas nuevas salas, que serán la apología de lo mejor realizado en ese país en los años en que recibíamos a los inmigrantes. Será un regalo comparable al monumento de Querol que se encuentra frente al Zoológico y que fue regalo de España en nuestro Centenario.

El gran mercado para el arte español del siglo XIX fue Argentina y los grandes marchands traían fabulosas obras que nadie compraba en la madre patria. Estaban en nuestro país cerca de 800 obras de Joaquín Sorolla, de las cuales hoy quedarán 20, con viento a favor, ya que sus precios llegan a 6,6 millones de dólares. Del vasco Ignacio Zuloaga, que hoy se pagan cerca de un millón de dólares, vinieron cerca de un centenar. De José Mongrell, un encantador valenciano, amigo de Quinquela Martín y seguidor del arte de Sorolla, también vinieron centenares (hoy se pagan hasta 280.000 dólares). Las obras del gallego Fernando Alvarez de Sotomayor ya valen 400.000 dolares; sus grandes compradores eran los «extraperlistas (contrabandistas) gallegos.

Del mercado del gitano andaluz Julio Romero de Torres era Buenos Aires, y su exposición en Witcomb en 1926 tenía colas para ser visitada. Sus gitanas cetrinas e inigualables se han llegado a pagar más de un millón de dólares. Las mejores obras del catalán Hermenegildo Anglada Camarasa estaban aquí; los González Garaño, sus amigos en Mallorca, junto a Cesareo Bernaldo de Quirós tenían las más importantes, que incluso disimulaban puertas en su living. Por una pequeña obra de 52x82cm. se han pagado recientemente 3,7 millones de dólares.

Qué decir del Goya del XIX, el santanderino José Gutiérrez Solana, que cerraba las cortinas para que no entrara la luz. Sus obras se pagan ya más de 700.000 dólares; algunas compradas hace dos décadas por los inteligentes directivos de MAPFRE hoy se pagarían más de dos millones, cuanto costaron el diez por ciento..

También hay obras de Ulpiano Checa que vino a la Argentina a realizar el retrato del presidente Bartolomé Mitre, y que ahora tiene una exposición en la Academia de San Fernando, la de Bellas Artes de Madrid, con obras llevadas por un argentino, fanático coleccionista del artista español y de nuestro KoekKoek.

De Gonzalo Bilbao hay grandes obras ya que el fue el comisario del envío de cerca de cuatrocientas que vinieron para el Centenario y que fueron expuestas en la Plaza San Martín.

Del valenciano Manuel Benedito Vives hay joyas en el Museo de la Avenida Libertador. De los hermanos sordomudos Valentín y Ramón de Zubiaurre no conocemos mejores obras que las de esta colección; varios en Bilbao matarían por tenerlas.

El primer artista que vendía de a cien cuadros a fines del siglo XIX en Buenos Aires era el catalán Eliseo Meifrén, que también pintó en Mar del Plata, pero los mercaderes dicen que esas obras son de Mallorca o Cadaqués. Otro tanto ocurre con Julio Vila y Prades, cuyas vistas de Playa Grande las hacen pasar como la playa de Zaruz o bien La concha en San Sebastián.

El mejor retrato, en escultura, de Victoria Ocampo lo realizó Paul Troubetzkoy (se lo puede ver en Villa Ocampo de San Isidro, donde actualmente hay una exposición de Prilidiano Pueyrredón), y en pintura lo hizo Anselmo Miguel Nieto. El cuadro ahora está en el Pabellón del Museo Nacional, donde también están presentes el fino y sensible Santiago Rusiñol (de quien hay una obra fabulosa, regalo del generoso escribano y mejor persona que era Francisco «Paqui» Fornieles), y el gran impresionista Darío de Regoyos y su vista de pueblo extraordinaria.

Recomendamos al lector no perderse la exposición.

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