22 de junio 2005 - 00:00

Brabuconadas y arrebatos

Brabuconadas y arrebatos
Fernando Vallejo «El fuego secreto» (Bs.As., Alfaguara, 2005, 253 págs.)

En este segundo tomo de su saga autobiográfica «El río del tiempo» (son cinco volúmenes en total), Fernando Vallejo evoca sus tempranas incursiones por los bajos fondos de Medellín, centro de operaciones de sus primeras aventuras homosexuales (y marihuaneras).

Hijo de una familia acomodada de Antioquía (su padre era senador por aquellos tiempos) el joven Fernando se pasea en su Studebaker «cargado de bellezas» dispuesto a superar en fama y en cantidad de conquistas a su admirado Jesús «Chucho» Lopera. Este curioso personaje de los años '50 -cuyo recuerdo articula toda la novela- tenía por costumbre llevar un registro numérico de todos sus amantes con el fin de alcanzar, algún día, la cifra de cuarenta y nueve mil hombres. Es decir toda la población masculina de Medellín comprendida entre los 12 y los 20 años.

El autor de «La virgen de los sicarios» gusta de reconstruir sus recuerdos con un alto grado de desorden y divagación («No soy el novelista omnisciente que baraja vida y acomoda y miente. Soy el que avanza desandando los pasos»). También se ocupa de borronear la identidad del supuesto narrador, generando un sugestivo distanciamiento entre quien escribe y quien insulta y padece. Por más que el protagonista lleve el mismo nombre que el escritor y cargue con sus propias experiencias de vida, no deja de ser un personaje literario cercano a la picaresca. Vallejo escribe con un lenguaje coloquial que vuelve muy amena su prosa. Sin embargo, el recuerdo de sus correrías por cafetines, cantinas y billares no despierta un real interés, debido a sus referencias tan localistas. Esto se ve compensado con párrafos de un encendido lirismo: cuando el escritor recuerda a su abuela, a sus hermanos menores y a su inseparable perra «Bruja», o cuando describe la deslumbrante belleza de algunos adolescentes. Más allá de sus conocidas virtudescomo narrador (son muy valiosas sus reflexiones sobre la novela y el rol de escritor) Vallejo pone el alma en cada relato. Sus odios y sus amores destellan en cada página como una herida abierta, y esto hace que el lector acepte sus bravuconadas y arrebatos poniendo en suspenso todo juicio moral. De todas maneras, sus permanentes ataques contra la sociedad colombiana, la iglesia católica, los pobres y las mujeres multíparassuenan ya muy reiterativos, sobre todo para quien se ha topado con esos mismos comentarios, cargados de desprecio y rencor, en sus anteriores libros. «El fuego secreto» no es un libro confesional, sino el feroz enfrentamiento de un intelectual terco y obstinado contra un mundo que detesta y que la vez le genera demasiadas contradicciones y preguntas.

Patricia Espinosa

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