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8 de mayo 2007 - 00:00

Buen sonido del Nápoles antiguo

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«Cappella della Pietà dei Turchini». Dir.: A. Florio. Solistas: M. Ercolano y G. De Vittorio. Obras de Provenzale, Marchitelli, Piccinni, Paisiello, Fagioli, Gallo y Petrini. (Teatro Coliseo.)

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Dedicado a la exploración de la música italiana del Renacimiento y del Barroco, el conjunto «Cappella della Pietà dei Turchini» inauguró la nueva temporada del ciclo Nuova Harmonia de la Fundación Cultural Coliseum. Este ensamble cumple veinte años de existencia y su nombre surgió de uno de los más antiguos conservatorios napolitanos.

Los ejecutantes utilizan instrumentos de época y presentan, como en esta oportunidad, programas con obras de compositores olvidados o poco conocidos. El menú ofrecido esta vez fue de creadores nacidos en los primeros veinte años del siglo XVII y los que vivieron en el siglo XVIII. Constituido por unos dieciséis músicos, la «Cappella della Pietà dei Turchini» busca reproducir a través de los instrumentos antiguos y algunos parámetros rítmicos de la época, las sonoridades más cercanas a las que oían los habitantes de Nápoles en el palacio, en la iglesia y en la calle.

Con acentuada musicalidad y una línea de sutil arcaísmo que unió todas las piezas y los fragmentos inter-pretados en este concierto, el conjunto pasó de un «Lamentoparodia» de Provenzale a una «Sonata a 3 en La menor» de Marchitelli, y de Piccinni y su recitativoaria de «Didone» a un duetto de Pulcinella y Carmosina, de «Pulcinella vendicato», de Paisiello, en la primera parte, mientras que en la segunda se sumaron una Cantata en lengua napolitana, de Fagioli, una sonata para cuerdas de Gallo, otra aria de la «Didone abbandonata», de Piccinni y un regocijante «Intermezzo de Graziello e Nella», también en dialecto napolitano.

Las obras en sus climas contrastantes crearon polos entre una grácil melancolía y la popular comicidad de la sátira. El extraordinario vocalismo de estas propuestas tuvieron a un dúo de excelentes recreadores en la soprano María Ercolano, de eficacia dramática y elocuente coloratura, y en el tenor bufo Giuseppe De Vittorio, de fuerte presencia actoral, ambos conocidos en Buenos Aires.

El duetto de Graziello y Nella, que contó con algunos movimientos y gestos de la representación teatral de la época barroca, siempre en napolitano, es decir, con la gracia y la ironía de ese lenguaje dialectal, fue de lo mejor de este recital que concluyó de manera rutilante con un «fandango», donde volvieron a lucirse los dos cantantes solistas y los miembros del ensamble dirigidos por el maestro Antonio Florio.

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