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9 de junio 2006 - 00:00

Buenas muestras de Agosta y Golubinsky

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«Gongá», el altar donde Julián Agosta ofrenda pequeñas imágenes que condensan su imaginería, su poética y su íntima relación con materiales ancestrales.
El hermoso libro-catálogo que acompaña la actual muestra de Julián Agosta en Galería Palatina (Arroyo 821) contiene además de las reproducciones de las obras expuestas y otras correspondientes a diversos momentos de su quehacer, textos personales y de aquellos que han seguido al artista a lo largo de su dilatada relación de amor y trabajo con el arte. Decimos trabajo porque Agosta no sabe hacer otra cosa. Trabajar el metal, caldear el hierro y dominarlo fue siempre su objetivo, una atracción por el fuego como la de «la libélula que se acerca a la lámpara», «la de la luz que todos necesitamos», confiesa el artista. A diferencia de otras exposiciones, la atmósfera de penumbra creada adrede en la sala es de misterio y recogimiento.

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Obra introspectiva, quizás sombría, pensada y realizada en homenaje a los amigos que ya no están físicamente, en circunstancias personales un tanto dolorosas. Pero su desafío es rejuvenecer el aura en el arte y conduciendo el impulso creativo, hacerlo combativo. Esto se revela en los volúmenes agresivos y dentados de «Alianza Espúrea» y «La Calumnia», hierro patinado, (2006). «Idolos Negros», una serie en madera también refleja sentimientos encontrados y en ellas campea el sentir del artista.

Pero hay más en esta exposición, el barro al que vuelve con sus manos que amasan y penetran la arcilla. Sólo se propuso hurgar en el interior de las civilizaciones precolombinas en un conjunto de cerámicas de intenso arcaísmo, fuerte textura, color ancestral y que revelan, una vez má , la solidez de su oficio. «Gongá», palabra perteneciente al culto afrobrasileño, es un altar donde Agosta ofrenda pequeñas imágenes que condensan su imaginería, su poética, su íntima relación con los materiales ancestrales. Clausura el 19 de junio.

  • Liliana Golubinsky ha abandonado sus batallas medievales, personajes velazquianos, gestas bonapartistas y criollas, soldadesca montada en caballitos de madera que se distribuían abigarradamente sobre la superficie de la tela en un ir y venir a la deriva. Situaciones fragmentadas acordes con la influencia ejercida por los medios de comunicación, cada vez más acentuada, así como por la condición de la obra de arte que nunca es totalizadora.

  • Más enfocada actualmente en su cotidianeidad, refleja todo aquello que nos golpea, la competencia feroz, la lucha despiadada por sobrevivir en una sociedad trituradora. Sus citaciones de batallas de la historia son ahora las de todos los días, la del hombre y la mujer en un entorno hostil e inestable.

    Golubinsky hace un acto crítico, «una crítica de la vida», según Mathew Arnold, expresión utilizada por Gerges Steiner-para ampliar el concepto de que esa crítica «ya sea realista, fantástica, utópica o satírica., el universo que el artista construye se afirma contra el mundo tal como es». Los personajes de Golubinsky aparecen colgados, a punto de caer, se sostienen levemente unos con otros, «Salto mortal», pastel sobre lino, (2005) es un excelente ejemplo, se deslizan sobre sus caballitos que ahora tienen una apariencia más feroz, menos lúdicos. También patinan y como consecuencia se asiste a una caída estrepitosa.

    En el aspecto formal, hay un menor abigarramiento, continúa su escritura no legible como fondo, esta vez sin tanto protagonismo, también el humor pero más ácido, una mayor apertura del espacio, un dibujo de gran levedad , cromatismo dosificado. Galería Rubbers (Av. Alvear 1595). Hasta el 20 de junio.

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