20 de febrero 2006 - 00:00

Buenos actores para personajes sórdidos

«Un amor de Chajarí» Dramaturgia y Dir.: A. Ramos. Int.: A. Sánchez,E. Soto, K. Frau, G. Moyano. Vest.: A. Montenegro. (Teatro del Abasto.)

Desde la época de Florencio Sánchez que el drama rural no lograba generar tanto interés en la escena porteña. El dramaturgo uruguayo estrenó su obra cumbre «Barranca abajo» en 1905 y, por lo visto, tuvieron que pasar cien años para que el teatro local descubriera el ambiente campero (un espacio ideal para metaforizar los reveses y frustraciones de la sociedad argentina, a veces con humor otras con melancolía). Entre los trabajos más recientes pueden citarse: «El aire alrededor» de Mariana Obersztern; «El sabor de la derrota» de Sergio Boris; «Llanto de perro» de Andrés Binetti y «Harina» de Román Podolsky y Carolina Tejeda. A esta lista se suma «Un amor de Chajarí» de Alfredo Ramos (actor y director de las huestes de Ricardo Bartís). Su espectáculo podría ser calificado de «neogrotesco» ya que reúne lo trágico y lo cómico a través de un registro más paródico que el de la tradición, aderezado con buenas dosis de humor negro.

El perfil decididamente sórdido de sus tres protagonistas contrasta con la simpática tonada litoraleña que utilizan. Cada actor ha diseñado una criatura digna de lástima, pero debido a sus conductas imprevisibles y, en ocasiones, disparatadas la piedad se convierte en risa o en cauteloso rechazo. Y lo mismo puede sentir el espectador frente a esa vivienda derruída, cargada de objetos tan significativos (el pozo para extraer petróleo, los electrodos para curar la parálisis) que hasta puede ser considerada un personaje más.

Eugenio Soto
tiene a su cargo a Faustino, un déspota con delirios místicos que se volvió malo por culpa de sus frustraciones, según él mismo asegura.Como está obsesionado por tener un hijo, somete sexualmente a su mujer (Analía Sánchez), inválida y musulmana; mientras evalúa si debe aceptar o no las propuestas amorosas de su cuñada (Karina Frau).

La llegada de una misteriosa maestra (Gabriela Moyano), que afectará el destino de este peculiar trío, no resulta del todo coherente. Estas falencias se ven compensadas por el buen nivel de las actuaciones y el clima casi cinematográfico que envuelve a la puesta.

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