Caetano Veloso: a diferencia de Gilberto Gil y Chico Buarque, que profetizan la
desaparición de la canción tal como se la conoce, continúa en su «evolución».
"¿Qué decirle a Caetano?... Dígale, que voy a estar mirando en dirección a él". Esta recomendación se la formuló Joao Gilberto al escritor Augusto de Campos en Nueva York en 1968. Este mensaje de uno de los «padres» de la bossanova a quien Caetano Veloso consideró siempre como su «maestro supremo», fue en la época en que Veloso, junto con Gilberto Gil, se encontraban enfrentándose con los organizadores del Tercer Festival de Música Popular y con el sello grabador Record, que querían imponerles una imagen que ellos se negaban a aceptar.
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Caetano Veloso, quien el próximo lunes inicia una nueva serie de recitales en el Gran Rex, fue en San Amaro, Bahía, donde nació, uno de los jóvenes de su generación marcada por la versión de Joao Gilberto del tema «Chega de Saudade», la creación que produjo un quiebre en la Música Popular Brasileña y que todos reconocen como la «hora cero» de la bossanova.
Caetano Veloso, al igual que Gilberto Gil, «Chico» Buarque, Edu Lobo, Oscar Castro Neves y otros jóvenes, cambiaron sus vidas a partir de esa grabación. A partir de aquel momento que marcó su vida, Caetano nunca pudo ser calificado como un «conformista». Siempre resultó muy difícil encasillarlo. No formó parte del grupo original de «los niños de Copacabana» que, reunidos principalmente en la casa de la «musa» de la bossanova, Nara Leao, dieron origen a uno de los mayores movimientos de la música popular brasileña.
Caetano llegó a Río en 1964, aún sin abandonar su vocación de cineasta, acompañando a su hermana Maria Bethania, la que gracias a la generosidad de Nara ocupó su lugar en la obra «Opiniao» que reunía a los músicos de la «rua» con los del «morro». Autores como Zé Keti, Joao do Vale, Cartola, que expresaban la voz de los «favelados» y del «sertao» nordestino.
Nara, que en esa época había abandonado a los bossanovistas asumiendo una actitud política que no era propia de ese movimiento, produjo una de las obras de protesta que se convirtió en un mito por la repercusión que tuvo en el enfrentamiento que los artistas mantenían con el régimen militar.
La canción principal de la obra, « Carcara», un gavilán que en el nordeste ataca a los terneros recién nacidos, fue el símbolo, y en la voz de la bahiana Maria Bethania se convirtió en un éxito. Varias décadas después del nacimiento de la bossanova, Caetano se abrazó a ella para producir algunas de las más hermosas versiones de temas conocidos que fueron éxitos discográficos y cinematográficos.
En ese período protagonizó uno de los recitales más emocionantes que presenció el público argentino, que fue su actuación con Joao Gilberto, en el que los protagonistas de los movimientos de renovación más importantes de la MPB, la bossanova y el tropicalismo, reunían sus talentos.
La llegada de los jóvenes bahianos a Río y San Pablo, grupo que Caetano integraba junto a Gilberto Gil, Tom Zé y Gal Costa, no estuvo exenta de criticas y rechazo entre los medios periodisticos que llegaron a bautizarlos como los «bahiunos». Sin perjuicio de las oposiciones que todo lo nuevo significa en el arte, un periodista que escribió un artículo para un medio norteamericano reconoció que luego de asistir a la presentación de la obra Opiniao y escuchar Carcará en la voz de MB tuvo la certeza que algo había cambiado en la sociedad brasileña.
Caetano, en esa época, supo que la única alternativa válida que existía en la música popular brasileña era seguir la «línea evolutiva» que había marcado la bossanova. El movimiento Tropicalista que lo tuvo como fundador no se hizo contra lo que representaba la bossanova sino siguiendo esa línea de evolución. El nombre Trópicalia, inventado por el artista plástico Helio Oiticica y propuesto por el director del Cinema Novo Luis Carlos Barreto para una canción de Caetano, identifica a uno que junto a la bossanova fue de los movimientos de mayor trascendencia en la MPB.
La materia prima que utilizaron los tropicalistas fue «una mezcla genuina de todo lo que sucedía en la vida cultural del Brasil». Caetano dice que la palabra clave para entender el tropicalismo es «sincretismo». El tropicalismo fue clasificado de «oswaldiano, antropofágico y desmitificador».
Como anécdota, la presentación de uno de los temas primeros de ese movimiento «Alegría, Alegría» fue realizada por Caetano con una banda de rock argentina, los «Beat Boys». Sus opiniones políticas que nunca escondió, sus canciones y su posición frente a la dictadura militar en los momentos más duros del régimen, le significaron la cárcel, la humillación y el exilio.
En la actualidad en que Gilberto Gil declara que «ya hay demasiadas canciones en el mundo y que sólo se va a dedicar a interpretar las ya escritas» y «Chico» Buarque que considera que «la canción como la conocemos es un fenómeno del siglo pasado y que la canción algún día va a morir», Caetano, luego de haber seguido el consejo de su admirado Joao Gilberto y realizar «un acompañamiento reflexivo a la música brasileña o sea a su propio trabajo», presenta nuevas canciones que tratan sobre Río, el rock y el sexo. Nada de cuerdas, violines, cellos ni violas, sí a una banda clásica de rock integrada por jóvenes instrumentistas con la producción de su hijo Moreno.
Más allá de las críticas o elogios que se le pueden hacer al nuevo trabajo de Caetano, su CD, «Ce» (apócope de voce), se debe reconocer que es la propuesta de un gran artista al que se justifica que Joao Gilberto le dirigíera su mirada de creador.
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