"Rumbo a Tokio", rodada en plena guerra, es una de las películas de submarinos más realista que se haya hecho en su época. Desde luego, con excepción de un único detalle que puede ser pasado por alto con cierto humor: la elegancia del capitán Cary Grant es más indestructible que los refugios del Eje, y cuando se lo ve pasearse con ese porte, en medio de los momentos más tensos y riesgosos, se espera que en cualquier momento se tome un martini dry en el lounge del Plaza. «Cary Grant es el único hombre que hasta en calzoncillos es elegante» dijo una vez Eva Marie Saint, y no le faltaba razón.
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Pero, más allá de eso, el vigor y la verosimilitud de «Rumbo a Tokio» justifican plenamente su visión. Coproducción entre la Warner y la Marina de los EE.UU., un año antes de que el estudio rival MGM realizara, en los aires, «Treinta segundos sobre Tokio», el film relata la riesgosa y casi suicida entrada del submarino norteamericano Copperfin en la Bahía de Tokio como soporte logístico y táctico para los Aliados.
Las escenas más fuertes desde el punto de vista bélico tienen una carga dramática poderosa (para cumplir su misión, el submarino debía esperar el momento preciso en el que las trampas japonesas quedaran inactivas para permitirle la entrada a las naves propias), y lo mismo ocurre con otros trances a bordo, como cuando deben improvisar una operación de apéndice a uno de los tripulantes.
El elenco también es estupendo,en especial John Garfield (menos atildado, por supuesto, pero más realista que Grant), Alan Hale como el cocinero bondadoso y protector, y Robert Hutton, como el joven recién egresado de una academia militar, y con la carga patriótica a tono con los fines propagandísticos del film. Esta fue la primera película de Delmer Daves, cuya carrera en Hollywood continuaría con algunos westerns antológicos como «El tren de las 3.10 a Yuma».
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